El Chahuistle-Paty Corro

En mis años de vida no tengo memoria de una Puebla que se recogiera a tan temprana hora atrapada por la psicosis.

No recuerdo plazas vacías, centros comerciales desiertos, el Centro Histórico en silencio prematuro, negocios bajando cortinas por exceso de miedo.

Lo que vivimos no fue sólo una jornada de violencia: fue una jornada de psicosis.

¿Cómo es que un cártel, un solo sujeto, un grupo violento puede apoderarse de la mente de millones?

¿Cómo logra infiltrarse en nuestras conversaciones familiares, en los chats vecinales, en la decisión íntima de salir o no salir a la calle?

El reciente abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, fue celebrado por muchos como un golpe contundente del Estado. Y lo es.

Pero también abrió la puerta a la pregunta que nadie quiere formular en voz alta:

¿Estamos listos para enfrentar la reacción? ¿Estamos preparados para lo que parece una guerra de desgaste que se libra no sólo en carreteras, sino en la mente colectiva?

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En Puebla, los hechos fueron concretos y alarmantes: el incendio de un tráiler en Santa Rita Tlahuapan; un autobús de pasajeros quemado en la autopista México–Puebla ; un vehículo incendiado en la Puebla–Orizaba, en Cumbres de Maltrata; el intento de incendio de una sucursal del Banco del Bienestar en Xonacatepec; la quema de una tienda de conveniencia en Clavijero.

Actos focalizados, sí. Pero suficientes para desatar una ola de temor expansivo.

Los OXXOs bajaron sus cortinas

Las empresas de transporte —Estrella Roja, Estrella Blanca, Atha, Altiplanos— cancelaron operaciones. AU y ADO reportaron ajustes y afectaciones.

Circularon videos donde se instruía a pasajeros y pasajeras qué hacer si eran interceptados: dejar pertenencias, bajar rápido, correr.

Correr.

Esa es la palabra que define el momento. Correr antes de que pase algo. Correr aunque no esté pasando nada. Correr incluso en la imaginación.

Entramos en un estado de sitio no decretado, pero asumido.

Un toque de queda autoimpuesto.

Las y los ciudadanos decidimos guardarnos. Nos encerramos no por orden oficial, sino por la convicción íntima de que afuera puede no haber regreso.

Aunque los hechos en Puebla, comparados con lo ocurrido en estados como Jalisco, puedan parecer menores en número o intensidad, la reacción social fue masiva: psicosis colectiva.

No queremos vivir en un país así.

No queremos normalizar el miedo

Pero tampoco podemos permitir que el miedo nos gobierne.

Sí, debemos cuidarnos. Sí, debemos ser prudentes. Sí, debemos reconocer que la violencia existe y que el Estado tiene la responsabilidad de contenerla.

Pero también es fundamental mantener la calma. No caer en pánico. No convertir cada rumor en sentencia.

La información es nuestra primera línea de defensa. Buscar fuentes oficiales, revisar las redes sociales de dependencias gubernamentales, acudir a medios de comunicación serios.

Verificar antes de compartir.

La psicosis es una victoria simbólica del crimen. Si logran que dejemos de vivir, ya ganaron una parte de la batalla.