Columna Movimiento Antorchista - Antorcha DiceFoto: Especial.

En los rincones más apartados de nuestra patria, donde la marginación y el olvido oficial han sido la constante histórica durante décadas, hablar de seguridad, servicios públicos de calidad y obras de infraestructura parece, para millones de mexicanos, una simple promesa de campaña. Sin embargo, en la Mixteca poblana existe un ejemplo vivo de que otra forma de gobernar no solo es posible, sino urgente: el municipio de Tecomatlán.

El reciente arranque de las obras de rehabilitación integral del alumbrado público en las comunidades de Tempexquixtle e Isla La Paz no es un hecho aislado ni una ocurrencia administrativa. Es el resultado lógico y natural de un modelo de desarrollo fundado en la organización popular y en el compromiso irrenunciable con las clases más desprotegidas. Cuando el pueblo se organiza y toma en sus manos la conducción de su propio destino, los resultados transforman la realidad de raíz.

Brasil Acosta Peña, integrante del Movimiento Antorchista en Tecomatlán, lo expresó de manera llana pero contundente durante el banderazo de inicio de estos trabajos: “Estamos para dar el banderazo de inicio de la rehabilitación del alumbrado público, de las lámparas de esta región, precisamente para fortalecer la seguridad en esta zona. Así trabaja el ayuntamiento antorchista y así trabaja nuestro movimiento para el bien de Tecomatlán. Que siga el progreso”. Estas palabras sintetizan la esencia de un proyecto político que no ve en el poder público un botín para el beneficio personal, sino una herramienta de transformación al servicio de las mayorías.

Llevar luz a las calles de Tempexquixtle e Isla La Paz va mucho más allá de instalar luminarias. Significa devolverle la tranquilidad a la madre de familia que camina de noche de regreso a su hogar; significa brindarle certeza al trabajador y al estudiante que transitan al amparo de la obscuridad; significa, en suma, dignificar la vida cotidiana en el campo. Además esta obra da continuidad a la construcción previa de calles con adocreto hidráulico, demostrando que en los gobiernos antorchistas la planeación no se detiene y que cada obra cimenta la siguiente.

¿Cómo se logra esta continuidad en el progreso? La respuesta está en la fórmula de trabajo que el edil tecomatleco definió con precisión: “Como un gobierno antorchista, seguimos atendiendo las demandas fundamentales de la gente. Un gobierno que trabaja con la gente y para la gente”.

Esta metodología contrasta radicalmente con la práctica política tradicional que impera en gran parte del país, donde las decisiones se toman desde escritorios alejados de la realidad social, imponiendo proyectos que en nada resuelven las carencias del pueblo. En Tecomatlán, la priorización de las obras nace de las asambleas, del diálogo directo con las familias y del análisis de sus necesidades primordiales. No se gasta el recurso público en caprichos ni en propaganda estéril; se invierte en educación, salud, vivienda, deporte, cultura y servicios básicos.

El proyecto que encabeza el Movimiento Antorchista en Tecomatlán ha demostrado, a lo largo de décadas, que la pobreza no es un destino fatal. Al contrario, es una condición injusta que puede vencerse mediante la unión, la conciencia de clase y la lucha organizada y bien dirigida. Por ello, la experiencia de este municipio no debe quedarse entre las colinas de la Mixteca; debe convertirse en un faro de orientación política para toda la nación.

Hoy, cuando México se debate entre la polarización y la falta de alternativas reales para combatir la desigualdad, la forma de gobernar de Tecomatlán se erige como una lección nacional. Si aspiramos verdaderamente a un país más justo, equitativo y seguro, es indispensable masificar este modelo: un gobierno que escuche, que planifique con base en las necesidades del pueblo, que aplique los recursos con absoluta transparencia y que entienda que la verdadera democracia se mide en la calidad de vida de la gente. Tecomatlán demuestra que Antorcha no solo promete; Antorcha sabe y puede gobernar para el bien de todos los mexicanos.

Por: Enrique Pluma