Columna Movimiento Antorchista - Antorcha DiceFoto: Especial.

Antorcha es la luz que guía el camino. Ser un militante dentro de esta organización no es un acto de mera filantropía, tal y como lo dice el Doctor Brasil Acosta Peña, líder de la comisión estudiantil en el municipio de Tecomatlán: “Los antorchistas no son altruistas en el sentido tradicional de la palabra. No son filántropos que prodiguen caridad para tranquilizar sus conciencias”. Ser antorchista es tener un compromiso revolucionario cuyo objetivo final es transformar las estructuras sociales para garantizar condiciones de vida dignas para cada ser humano. En este proceso, la individualidad se diluye en función de una prioridad colectiva: el interés individual se subordina voluntariamente a objetivos colectivos. Una vez que se decide formar parte de este movimiento, se vuelve obligatorio el estudio constante y arduo del funcionamiento de la sociedad. A través de los llamados círculos de estudio, la militancia debate y analiza la realidad social partiendo de la literatura de línea de la organización, como los textos de formación política de Marta Harnecker. Este rigor teórico responde a la máxima de Friedrich Engels: “Para gobernar el destino del mundo, la clase obrera necesita una preparación intelectual que supere con creces las capacidades de la decadente burguesía”.

¿Quién puede ingresar a la organización? Cualquiera que haya comprendido la dimensión del esfuerzo colectivo, pues la decisión de zentregar la vida entera a una causa superior —superando el egoísmo del “primero yo y al último yo”— es una cualidad excepcional. Entrar a Antorcha implica asumir un compromiso real, fiel e inquebrantable que, lejos de desgastarse con el tiempo, debe fortalecerse ante las adversidades.

Desde su fundación en 1974 en Tecomatlán, Puebla —población conocida actualmente como la “Atenas de la Mixteca” y cuna del antorchismo—, la organización ha demostrado que no es un fenómeno fugaz, sino una organización integrada por personas humildes y conscientes que buscan algo más allá del beneficio propio y que tienen claridad sobre el camino que se debe seguir como colectivo. A lo largo de su historia, ha alcanzado conquistas sociales en pro del trabajador, campesino, ama de casa y obrero, tales como servicios en zonas rurales y periféricas —agua potable, drenaje, electrificación y pavimentación—, fundación de planteles educativos en zonas rurales y fundación de colonias populares. En general, ha actuado como un gestor colectivo masivo.

Antorcha nació de una cruda realidad llena de tensión y represión política, así como de la instrumentalización de la violencia en favor de ciertos grupos de poder y de la censura y el control de los medios de comunicación. Fue una época marcada por la violencia y por cambios políticos y sociales, en la que los caciques tenían gran poder en zonas como la Sierra Negra y el norte de Puebla, donde los poderes locales gobernaban con absoluta indiferencia y ejercían una violencia indiscriminada.

En Tecomatlán, Puebla, el pueblo se organizó y luchó bajo la dirección del ingeniero Aquiles Córdova Morán, emprendiendo una lucha en contra del cacicazgo, un enfrentamiento histórico que costó la vida de valiosos compañeros, hoy recordados con honor como los Mártires antorchistas. Esta misma dinámica de lucha se replicó en Huitzilan de Serdán, donde la alianza entre campesinos y obreros logró desmantelar el poder caciquil.

Actualmente, en cada municipio donde la organización ha encabezado la administración pública, se ha priorizado la inversión en seguridad, educación, salud e infraestructura. El modelo paradigmático de este desarrollo es Tecomatlán. En este municipio se erige el Instituto Tecnológico de Tecomatlán, que recibió en 2019 el Certificado de Calidad Educativa de la Organización Continental de Excelencia Educativa (ORCODEE), reconociéndolo entre las 100 mejores instituciones de educación superior en América Latina y el Caribe. Asimismo, la infraestructura local cuenta con albergues estudiantiles como la “Villa Estudiantil: Aquiles Córdova Morán”, complejo que tiene la capacidad de hospedar a más de mil jóvenes.

A esto se suma una red de espacios deportivos e infraestructura de acceso público que incluye canchas de futbol, campos de beisbol, áreas para voleibol y basquetbol, una pista profesional de atletismo, un auditorio y un teatro donde se presentan expresiones artísticas de todo tipo. En el ámbito educativo, el Instituto Tecnológico de Tecomatlán también ha contado con certificaciones de calidad otorgadas por el Instituto Mexicano de Normalización y Certificación (IMNC), entre ellas la correspondiente a la norma ISO 9001:2008. A nivel internacional, en 2013, Tecomatlán fue reconocida como una de las 25 ciudades finalistas del City to City Barcelona FAD Award, en la categoría de desarrollo e infraestructura comunitaria sustentable, debido a su capacidad para levantar servicios de primer nivel en una zona rural.

De este modo, la práctica antorchista encarna la famosa frase de Ernesto “Che” Guevara: “Sean capaces de sentir en lo más hondo de su corazón cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Esa es la cualidad más linda de un revolucionario”. Este sacrificio dota al trabajo organizativo de una profunda convicción, en donde el pilar que rige nuestras acciones es transformar la realidad social en beneficio del obrero, campesino y asalariado; organizar a la población humilde del país y hacerla ver, a través del estudio, la necesidad de luchar como un solo hombre y como un solo ideal.

Es natural cuestionarse si todos los integrantes se mantienen firmes por la convicción de transformar y no por lo que pueden obtener a nivel particular. Con el paso del tiempo, la propia dinámica de la organización permite distinguir entre quienes se acercan buscando un beneficio particular y quienes desarrollan un compromiso con el proyecto colectivo. Aquellos que ingresan buscando únicamente beneficios inmediatos o atraídos por mitos urbanos como la donación automática de terrenos, abandonan las filas ante el primer embate de la lucha o al no comprender la responsabilidad de un líder social.

Quienes permanecen y militan en Antorcha son hombres y mujeres emanados del pueblo humilde y trabajador de nuestro país, personas que conocen de primera mano las carencias que se viven en las calles. Aquellos que gestionan, luchan y se colocan a la vanguardia —no como jefes impuestos, sino como auténticos líderes sociales— constituyen el pilar fundamental y lo mejor de las filas de nuestra organización.

Por: Abdiel López Rivera