A poco más de un año del inicio formal del proceso electoral de 2027, en el que se renovarán presidencias municipales, diputaciones locales y federales, la disputa por el poder ya comenzó. Aunque legalmente aún no estamos en campaña, basta recorrer las calles de Atlixco o abrir las redes sociales para encontrar rostros, entrevistas, espectaculares y una permanente promoción personal de quienes aspiran a ocupar un cargo público.
Cada tres años el escenario se repite. Cambian los nombres, cambian los colores y cambian los discursos, pero el fondo permanece prácticamente intacto: la competencia por el poder suele imponerse sobre la construcción de un verdadero plan de desarrollo para el municipio.
No es necesario mencionar a ningún aspirante. El problema no radica en las personas, sino en la lógica política que ha convertido la representación popular en una carrera de promoción individual. Cuando la imagen personal ocupa más espacio que las propuestas para resolver los problemas de la población, la política deja de ser un instrumento de transformación y se convierte en una disputa por administrar el poder.
Desde mi punto de vista, la política debería responder a las necesidades concretas del pueblo trabajador y no a las aspiraciones individuales de quienes buscan un cargo. La verdadera fortaleza de un movimiento político no se mide por la cantidad de espectaculares o publicaciones en redes sociales, sino por su capacidad para organizar a la población y resolver sus problemas. Y Atlixco tiene muchos.
La inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas. En los últimos meses han sido frecuentes los reportes de robos a casa habitación, robo de vehículos y motocicletas, asaltos, hechos violentos y otros delitos que afectan directamente la tranquilidad de las familias. Las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que el robo, las lesiones y la violencia familiar siguen entre los delitos de mayor incidencia en el municipio, mientras que las carpetas de investigación continúan registrándose mes con mes.
Pero la inseguridad no es el único problema. Persisten deficiencias en la infraestructura urbana, un sistema de drenaje pluvial insuficiente que vuelve vulnerables al primer cuadro de la ciudad y a diversas colonias durante la temporada de lluvias, rezagos en servicios públicos y un campo que continúa esperando mayores apoyos e inversiones para fortalecer la producción agrícola, una de las actividades económicas más importantes de la región, por algo, alguna vez Atlixco fue el granero de América.
Frente a esta realidad, resulta preocupante que el debate político se concentre en quién será el próximo candidato y no en cuál será el proyecto capaz de responder a estas demandas sociales.
La historia demuestra que ninguna sociedad avanza cuando prevalece el individualismo. Las grandes transformaciones sociales nunca han sido obra de un solo dirigente ni de un grupo reducido; han sido resultado de la organizaciónconsciente del pueblo tranajador. Una comunidad desorganizada y dividida es una comunidad vulnerable. En cambio, cuando el pueblo se organiza y lucha, es capaz de transformar su realidad.
Por ello, más allá de partidos, siglas o personajes, Atlixco necesita construir una ciudadanía organizada que vigile a sus autoridades, participe en las decisiones públicas y exija políticas que prioricen la seguridad, el desarrollo urbano, el fortalecimiento del campo y el bienestar colectivo, antes que el interés personal.
Las campañas volverán a llenarse de promesas, recorridos, abrazos y fotografías. Eso es parte del ritual electorero. Lo verdaderamente importante ocurrirá después de las elecciones, cuando sea necesario exigir resultados y recordar que el poder público no pertenece a los gobernantes, sino al pueblo.
El reto de Atlixco no consiste únicamente en elegir nuevos representantes en 2027. El verdadero desafío es construir una sociedad organizada, crítica y combativa, capaz de poner el interés colectivo por encima de las ambiciones personales. Porque sólo un pueblo unido y consciente puede transformar su realidad y hacer de Atlixco un municipio más seguro, más justo y verdaderamente digno para todos. Que conste.
Por: Rafael Mendoza Castillo

