En la ley mexicana existen vacíos legales que más que sancionar a quienes realizan terapias de conversión a integrantes de la comunidad LGBT+, abonan para que sigan violando los derechos de la comunidad.
Así se destacó durante el conversatorio “¿Terapias de conversión? Vivencias LGBT”, frente a la violencia del enderezamiento, organizado por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, (BUAP), durante la semana del orgullo por parte de la Dirección Institucional de Igualdad de Género (DIIGE).
Rodolfo Bañuelos Zamora, de la universidad de Guadalajara, lamentó que en México se sigan llevando a cabo las terapias de conversión en centros clandestinos en diferentes partes del estado y hasta prácticas de “exorcismo” con tal de cambiar la preferencia sexual de las personas.
Aunque resaltó que están prohibidas en Ciudad de México, Baja California Sur y otros estado, aún la ley no sanciona de forma ejemplar a los que lo siguen llevando a cabo.
Puntualizó que ocho estados, entre ellos Puebla, que ya tipificaron el delito de terapia de conversión, aún hay vacíos legales.
En Ciudad de México por ejemplo, dijo, la violencia correctiva alcanza fianza porque es un delito con una pena de cerca de 4 años, mientras que si se denuncia por abuso sexual, el agresor va a la cárcel.
Mientras que en Jalisco no se prohibieron las terapias, sino que solo se penalizó un tipo de conversión con lo cual los agresores deben pagar de 30 a 60 mil pesos, en caso de que la víctima sea menor de edad.
Además de que ninguna iniciativa propone la reparación del daño de ninguna víctima, ni viva ni muerta.
Aunado a eso, el investigador lamentó que en todo el país no hay una sola denuncia que proceda por el delito de terapia de conversión.
Afirmó que con este tipo de terapias, las personas están violando los derechos de libre desarrollo de la personalidad, los derechos de la infancia, los principios superiores de la niñez y atentan contra la personalidad; así como, el principio de igualdad y no discriminación.
Sin embargo, son las propias familias las que “avientan” a este tipo de terapias, que las hacen desde psicólogos, sacerdotes y charlatanes.

