El Chahuistle-Paty Corro

Pocas personas en Puebla tienen la capacidad de reunir en un mismo salón a políticos de todos los colores, empresarios, líderes de opinión y uno que otro suspirante.

Víctor Sánchez Espinosa lo hizo este fin de semana durante la celebración de sus 50 años de vida sacerdotal.

Entre felicitaciones, abrazos y fotografías, el arzobispo lanzó un mensaje que no pasó desapercibido: “Es bueno para Puebla que nos vean juntos”.

Y vaya que había a quién ver.

La fiesta tuvo su dosis de grilla cuando aparecieron, casi al mismo tiempo, los nombres que hoy suenan para la alcaldía de Puebla: Laura Artemisa, Gaby “La Bonita” Sánchez, Celina Peña y Rafael Moreno Valle Buitrón. 

Todos se acercaron a saludar al festejado y, como era de esperarse, las fotos cayeron de inmediato.

Más de uno se preguntó si estaban buscando la bendición del arzobispo o algo más terrenal rumbo al proceso electoral de Puebla 2027.

Pero mientras posaban para la foto la mesa principal, a un costado permanecía sentado Pepe Chedraui, mencionado con especial afecto por monseñor durante su mensaje.

Y es que, la realidad política sigue siendo la misma: antes de pensar en quién será el próximo candidato o candidata, primero hay que pasar por quien hoy tiene la silla.

El Mundial que soñamos, pero no podemos pagar

México por fin volvió a inaugurar una Copa del Mundo, por tercera ocasión en su historia y las calles lo demostraron.

Miles de personas celebraron con emoción el triunfo de nuestra selección. Sin embargo, detrás de la fiesta hay una realidad incómoda.

Este Mundial también ha dejado frustración, sí frustración y enojo.

TE INTERESA LEER: Poblanos confían en una destacada participación de México en el Mundial 2026

Para millones de aficionados y aficionadas, asistir a un partido en México, irónicamente es prácticamente imposible.

Los boletos alcanzaron precios que para muchas familias representan meses de salario.

La pregunta es inevitable: ¿para quién se organizó este Mundial? 

Porque la pasión que llena estadios, calles y plazas nace de la gente, de esos y esas aficionados que acompañan a la selección en las buenas y en las malas

Resulta difícil entender que ver un partido en otro país pueda ser más accesible que hacerlo en México. 

Más difícil aún que ninguna autoridad haya puesto límites para garantizar que las y los verdaderos seguidores tuvieran una oportunidad real de vivir esta experiencia histórica.

Afortunadamente, la pasión no entiende de boletos ni de zonas VIP. 

Mientras algunos disfrutan el espectáculo desde dentro, millones de mexicanos y mexicanas siguen demostrando desde las calles, las plazas y las afueras de los estadios por qué este país respira fútbol.

Porque al final, el Mundial podrá tener dueños, patrocinadores y precios imposibles. Pero la pasión siempre será del pueblo.