El Chahuistle-Paty Corro

La tarde de este sábado 30 de agosto, la fuente de San Miguel del Zócalo de Puebla se convirtió en el foco de atención tras la detención de cuatro jóvenes mujeres quienes habrían cometido actos vandalismo en este monumento histórico que data de 1777.

Estas chicas forman parte del colectivo “Morras sororas histéricas e históricas”, quienes en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas realizaron una protesta de la Fiscalía de Puebla a la zona del Palacio Municipal.

Al llegar al corazón de Puebla, un grupo de encapuchadas inició una serie de pintas, vertieron pintura sobre la fuente y con martillazos despostillaron partes del monumento.

“No valen más las paredes que las mujeres”, “tenemos derecho a libre manifestación”, son algunas de las frases con las que colectivos feministas han levantado la voz contra los hechos “de represión” que acusan.

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Pero ¿se vale atentar de esta manera?, por la mañana del mismo sábado vimos marchar al Colectivo de Voz de los Desaparecidos.

Encabezado por María Luisa Núñez una mujer, madre, guerrera, que ha luchado desde la desaparición de su hijo por darle voz a otros hombres y mujeres, quienes han perdido a sus hijos e hijas por desapariciones, en muchos casos, forzadas.

Se ha enfrentado al gobierno, ha gritado cuando no ha estado de acuerdo, pero nunca la hemos visto atentar contra paredes, monumentos, etc.

Es cierto que los gobiernos la mayoría de las veces requieren medidas drásticas para que se nos volteen a ver, para que nos escuchen, pero NO, así no.

Atentando contra un patrimonio que nos pertenece a todas y todos, en este caso la fuente de San Miguel, con un valor histórico incalculable.

No solo yo, los comentarios en redes sociales, son en su mayoría en contra, ¿acaso no deberíamos buscar aliados, aliadas?¿convencer a más que sean parte de este movimiento?, pero así NO.

Solo falta escuchar las voces de mujeres y hombres presentes que aplaudieron la labor de la policía.

Hoy tenemos en nuestras manos dignificar la forma de protestar, de que nuestras voces sean escuchadas y de hacer ecos en la sociedad ante los crimenes que vivimos.

Sí a la protesta, no a la destrucción.