Han saltado las alarmas a nivel internacional y se ha advertido de una inminente regresión democrática para nuestra sociedad si la reforma electoral tal como es concebida por parte del oficialismo mexicano y de su máximo representante, el presidente, es aprobada en el Congreso de la Unión. No es tarde para la oposición para hacer voto contrario para desdeñar esta abominación.
La reforma electoral propuesta por parte del oficialismo mexicano es el sueño dorado de Maquiavelo, es el retorno al viejo modelo del PRI-Gobierno, y una afrenta a la sociedad mexicana. Como ha sido concebida esta reforma parece indicar que la autodenominada transformación busca aferrarse al poder a cualquier costo modificando las reglas del juego a su favor y salvar el legado de su máxima exponente.
Un peronismo a la mexicana se escucha en los círculos intelectuales de izquierda, pero más apegada al sistema maoísta sin la destrucción cultural y con la dominación del poder por medio del chantajismo, el famoso “copelas o cuello” versión transformadora.
Tenemos que enfrentarnos a la realidad, este gobierno ha politizado cada espacio y rincón de la administración pública, desde las ayudas sociales hasta la política exterior, ha desdeñado la sabiduría de los técnicos y ha encumbrado a lxs leales y lxs amantes. Ha chantajeado a los empresarios y ha comprado a los militares con obras faraónicas.
Bajo este contexto, la reforma electoral, concebida por la mente maquiavélica de Andrés Manuel, busca desesperadamente que la dictadura popular dicte quienes deberían ocupar los cargos públicos en materia electoral. Lamentablemente, si eso ha de suceder en nuestra nación, la historia nos dice que quienes tengan los recursos y el apoyo gubernamental serán los vencedores de esas elecciones.
Nuestra historia con clientelismo electoral, desde carruseles, mapaches y urnas embarazadas antes de partir el pastel, no son los mejores ejemplos de nuestra democracia popular y partidista. Esto último sigue siendo una advertencia de que nuestro sistema político y electoral y ante todo, la sociedad mexicana, no están preparados para reforma de tal magnitud ante la politización de nuestro país y la falta de controles reales sobre los poderes que nos rigen al que se debe de sumar el tema de la militarización sin control.
Realmente este tiempo debería de ser de incertidumbre para nuestra nación, el atentar en contra de un sistema electoral que costo sudor, persecución y sangre debería ser inaudito en estos tiempos. Sin embargo, todo parece indicar que la mayoría de la población opto por el pan y circo ante la falta de resultados de los gobiernos de la autodenominada transformación.
Nos encontramos en tiempos peligrosos para nuestra nación, no hay duda de eso, y parece ser que la única barrera para frenar este embate autocrático se encuentra agujereada ante los embates chantajistas que vienen del poder.

