Luis Leal- Diarios de Cuarentena

5:30 de la mañana. El general ya estaba despierto con café en mano, admiraba el poco brillo de las estrellas, opacadas por la luz artificial de los humanos y que empezaban a difuminarse ante la inminente salida del astro rey sobre los amantes dormidos.

—Otra vez le gané a la alarma —pensó el general. Todavía no le caía el veinte de que a sus 62 años el ganarle a la alarma es la norma y no la excepción—. Me falta el país.

El general Aguirre se había forjado a sudor y sangre. Un hombre humilde que había salido de su natal Aldamas por la falta de empleo y comida; por delirios del destino llego a una guarnición chiapaneca, lo entrenaron y lo mandaron a combatir a la sublevación a final de siglo.

Se había ganado el respeto y el reconocimiento de sus superiores al ser el único sobreviviente de una emboscada donde logró capturar a 10 enemigos del estado. Se ganó su ascenso al hacer confesar a sus prisioneros los planes de la guerrilla; por primera vez la milicia sabia a qué estaban enfrentándose en la selva lacandona.

Los primeros rayos de luz amarilla empezaban a iluminar su cara. El general pensó mucho en su infancia, la falta de carne y grano, de cómo su papa le había pegado a su mamá. De las veces que se robó una gallina para alimentar a su hermana. Pensó en los miles de vueltas que da la vida y cómo había llegado a este día. Un sonido agudo interrumpió sus pensamientos. Era su secretario particular, el cabo Vázquez.

—Todo está listo para su conferencia, mi general —exclamó el cabo.

—Gracias, Juan. Nos vemos en el hotel —contestó.

El general se alistó, vio su cara y le sorprendieron los efectos de la edad.

“Ni siquiera durante el operativo de Michoacán me había desgastado tanto”, pensó.

Su esposa lo veía desde lejos, ella sentía que había algo mal en ese momento. Desde hace rato ella sabía que su esposo tramaba algo, no le había dicho.

—Es para protegerte —siempre exclamaba el general.

Ella también estaba cansada. Había sido una campaña fuerte, nunca había sentido así una campaña política. Ni siquiera cuando su papa se postuló por tercera vez a la presidencia de Tlaquepaque. Ese algo no salía de su mente desde que la cúpula de la milicia se había reunido con su esposo previo a aquel dos de junio fatídico para su esposo. El sonido del timbre interrumpió sus pensamientos. Ella abrió la puerta y le sorprendió lo que veía, tres generales estaban ahí.

—Buenos días —exclamaron los generales.

—Buenos días —respondió la señora de Aguirre.

—Venimos a escoltar al general —exclamó el general, con acento norteño.

El general se había alistado rápido, hace tiempo que no se ponía su uniforme de la milicia. Le sorprendió ver a su mejor amigo de aquellos años en Veracruz.

—¡Miguel! Qué gusto. ¿Quién te mando? —preguntó.

—Nadie, compadre. ¡Vengo a hacerte presidente! —exclamó el General López.

La conferencia de prensa había terminado. El general estaba esperando el vehículo de su escolta. Una Suburban verde olivo, regalo de su hijo por su cumpleaños. El general se percata de que se acerca un individuo que no le caía bien, pero que lo aguantaba a su espalda.

—¡Gutiérrez! —exclamó el general Aguirre.

—¡Mi presidente! —gritó el general Gutiérrez.

—Nada de esto hubiera sido posible sin tu ayuda y la de la Contraloría. Te lo agradezco —vociferó el general victorioso.

—Sólo sigo órdenes —exclamó Gutiérrez.

Una serie de notificaciones sonaron al unísono en el teléfono del general y de las personas alrededor.

“¡Fraude!” Se leía en el primer encabezado de La Jornada en las notificaciones del teléfono del General Aguirre.

“El ejército se pronuncia por fraude y pide que repitan las elecciones”, decía la notificación de El Universal.

“Blindados y camionetas del ejercito son avistados cerca de Palacio Nacional y de la Cámara de Diputados, rezaba la notificación de Milenio.

“Military forces don’t recognize elections in Mexico, vow to seize power and repeat elections”, se lee la notificacin del New York Times.

La camioneta llega a los pies del Fiesta Americana Polanco, el general y el cabo se suben a ella.

—¿A dónde? —pregunta el chofer

—A Palacio Nacional, Andrés, a Palacio Nacional —respondió el general Aguirre.

Nota: La Ficción Política es un recurso de narrativa que comenta los sucesos políticos de un país por medio de obras ficticias. Todas las personas, eventos y demás elementos de esta obra son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.