Templo de San Francisco JavierFotografía: Archivo Agencia Enfoque

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) redescubre restos humanos en el Templo de San Francisco Javier, que datan del sitio a la ciudad de Puebla en 1863, un año después de que las “armas nacionales se han cubierto de gloria”

Aunque el hallazgo fue revelado con “bombo y platillo”, el maestro y cronista Pedro Ángel Palou Pérez, ya había dado cuenta de ellos desde 1995 en su obra “Apuntes históricos sobre San Xavier y la Penitenciaria de Puebla”. 

Así lo manifestó en entrevista para Alcance Diario, David Ramírez Huitrón, creador de la página de “Puebla Antigua”, quien devela los “pequeños secretos” que guarda la historia de Puebla y cuestiona las “verdades” que nos han enseñado desde la escuela. 

“A mí me encanta la Historia, yo no me ostento como historiador o cronista, yo soy divulgador y lo realizo desde hace más de 10 años. El motivo de fundar Puebla Antigua es poner a disposición del público en general la información (…) Hacemos esta luchita desde redes sociales para que se ayude a la difusión”

David Ramírez Huitrón

En el caso de los cadáveres localizados al interior de la capilla de la expenitenciaría de San Xavier, y concordando con lo dicho con el propio INAH, estos tienen una antigüedad de al menos 150 años, por lo que son restos de hombres de la época de la invasión francesa y el imperio de Maximiliano de Habsburgo, entre 1862 y 1867. 

Restos son de los “valientes” de 1863 

De acuerdo con el “Diario de Operaciones del Sitio de Puebla de 1863” de Francisco P. Troncoso, un año después de que el General Ignacio Zaragoza venció el 5 de mayo de 1862 a las tropas francesas, estas se retiraron a Veracruz a esperar refuerzos. 

El 26 de marzo, los zuavos iniciaron un intenso cañoneo sobre el Fuerte de Iturbide, como fue nombrada la expenitenciaria, mismo que duró por tres días, hasta que lograron ingresar. 

Palmo a palmo, combatieron ambos ejércitos, cayendo el General de Artillería Clément Vernhet, lo que provocó la furia de los zuavos quienes pidieron al mariscal Frédéric Forey no dar cuartel a los sobrevivientes, hecho que les fue concedido. 

A pesar del esfuerzo de los mexicanos, estos terminaron cediendo terreno. Solo un grupo de 120 hombres, aproximadamente, resistió en la segunda planta de la fortaleza, hasta que se rindieron debido a la falta de parque, no sin antes acordar con Luis Ghilardi, que sus vidas serian respetadas. 

Sin embargo, cuando Octavio Rosado se dispone a bajar acompañado de Jesús Lobato y Cristóbal Velázquez, fueron sorprendidos por unos zuavos ebrios, quienes le dispararon a quemarropa, hiriendo de muerte al último de estos; al ser cuestionado donde había sido herido, solo contestó “Me dieron en la vida” y murió. 

Luis Ghilardi reprochó a Forey su decisión “cobarde” y “vil” de no dar cuartel a los heridos y rematarlos.  

Semanas después, quedaría instaurado el Segundo Imperio en México. 

Uno de los cadáveres encontrados aparentemente pertenecería a Cristóbal Velázquez, pues la herida que cuenta corresponde a la de la descripción de haber sido herido en el vientre, siendo uno de los “valientes” que entregaron su vida por darle patria a México.