En la historia de Puebla, la ciudad ha atestiguado innumerables tragedias naturales, pero el terremoto de octubre de 1864 dejó una huella particularmente devastadora que, sin embargo, no está en la memoria de los poblanos.
El trabajo de Cinta Manifacio y Brenda Dánae, plasmado en su tesis “Habitar la ruina: ex convento de San Francisco Totimehuacán“, nos ayuda a entender mejor el terremoto de 1864 en Puebla.
Su trabajo proporciona valiosas perspectivas sobre uno de los eventos más catastróficos en la historia de Puebla.
Pues al descubrir detalles olvidados, nos dan una visión clara de cómo este terrible terremoto afectó a la gente y los edificios de Puebla.
La noche del terremoto en Totimehuacán, Puebla
Esta tesis relata cómo fue esa fatídica noche, en la que los habitantes del pueblo de San Francisco Totimehuacán estaban en los preparativos para una celebración especial en su templo franciscano.
Pero a las 2 de la madrugada del 4 de octubre de 1864, un terremoto de una magnitud estimada entre 7.6 y 8.1 en la escala de Richter desató una tragedia que perdurará en la memoria de la Puebla Antigua.
La iglesia conventual del templo de San Francisco Totimehuacán, que acababa de ser renovada, se derrumbó, sepultando bajo sus ruinas los esfuerzos y las esperanzas de la comunidad. Los valientes vecinos se lanzaron a la tarea de rescate, enfrentando la oscuridad y el caos para salvar a quienes quedaron atrapados y ayudar a los heridos.
Pero la devastación no se limitó a Totimehuacán. En la Ciudad de Puebla, templos y edificios históricos como La Merced, San Pablo de los Frailes, San Agustín, la Concordia, Santa Inés y San Francisco sufrieron graves daños. Incluso en localidades cercanas como Cholula, Apan, Orizaba, Aculzingo, Córdoba y Tehuacán, las huellas del terremoto se hicieron sentir.
La magnitud del desastre era tal que, a pesar de la falta de tecnología sismológica en esa época, los historiadores estiman su fuerza por la escala de destrucción que dejó a su paso.
Las ruinas del templo de San Francisco en Totimehuacán, en Puebla, a pesar de la tragedia ocurrida hace 159 años, son un recordatorio poderoso de la vulnerabilidad del hombre frente a la naturaleza y prueba de la historia de aquel terremoto.

