Ser niña o niño se convierte en una de las aventuras más importantes de nuestras vidas, cuando somos niñas o niños imaginamos tantas cosas… desde ahí inician parte de los sueños para nuestra vida, desde ahí se habla de los cimientos de lo que seremos en un futuro, por eso es importante hablar de cuidar de nuestras infancias, de construir infancias fuertes.
Varios estudios neurocientíficos exponen que el desarrollo del cerebro humano es más significativo y rápido durante los primeros mil días que en cualquier otro momento de la vida y ese periodo es fundamental para crear bases en el bienestar de las personas. Los niños y las niñas tendrán mejores oportunidades para el desarrollo propio en un entorno que sea adecuado, el que se sientan cuidadas y cuidados, esto resultará en tener mejores condiciones de vida a largo y corto plazo.
Por ello es importante reflexionar sobre los datos estadísticos que se presentan día a día como resultado de la violencia contra las infancias en México.
Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) define al maltrato infantil como los abusos o detención y la desatención de que son objetos las y los menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar algún daño a la salud, o dignidad de los niños y las niñas el poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.
Según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, entre las adolescentes de 15 a 18 años:
- 26.1% declaró haber sufrido violencia durante la niñez
- 20.4% violencia física
- 10.5% violencia emocional
- 5.5% violencia sexual
Respecto al abuso sexual durante la infancia a 3.4% le tocaron sus partes íntimas o la obligaron a tocar las partes íntimas de otra persona sin su consentimiento; a 1.9% intentaron forzarla a tener relaciones sexuales y 1.8% fue obligada a tenerlas.
En México hemos normalizado tanto la violencia que cuando hablamos de la disciplina para las niñas y los niños vemos que existen muchas prácticas que lejos de poder ser herramientas que sirvan para su desarrollo en cuanto a disciplina, se convierten en “castigos que atentan contra su dignidad o su propia vida.
Patrones de conducta que por generaciones se han aprendido para “disciplinar a los niños y a las niñas” el comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas define el castigo corporal o físico como “cualquier castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve”
Nos podríamos pasar hablando de cifras, para algunas personas sólo son números, pero deberíamos sentarnos y reflexionar ¿Cuáles son los efectos de los muchos tipos de violencia? Pueden ser irreversibles e incluso, podrían seguir pasando de generación en generación.
Es importante hablar de las crianzas positivas, que se basan en el respeto a los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes, el método que hoy en día deciden utilizar madres y padres de familia, personas cuidadoras para cuidar y educar a través de conductas de disciplina no violentas. Cuando hablamos de crianza positiva, se habla de cuidado, de protección, formación, de guiarles en su desarrollo de manera armoniosa y amorosa. Hablar del buen trato hacia los niños y las niñas como seres humanos que tienen derechos, y no como propiedad de nadie; la importancia de atender sus necesidades que faciliten su sano desarrollo físico y mental.
La educación de las niñas y los niños desde la crianza positiva, representa un gran desafío, en donde se tiene la responsabilidad de protegerles y respetarles. Ser mamá o papá implica un gran reto, es una gran responsabilidad, ser responsable de un pequeño/a gran parte de su vida, criar niñas y niños desde el amor, el buen trato, los tiempos de calidad, el construir acuerdos, el establecer normas claras, el tener expectativas de acuerdo a sus capacidades, el poder hablar en todo momento y tener una buena comunicación, el fomentar infancias que sean libres, felices y sin estereotipos.
Dejar de criar desde los estereotipos olvidando a las princesas en espera de un príncipe que las rescate, de ser aquellas que se rescaten solas, que tomen sus propias decisiones, ser conscientes de que las niñas fuertes comienzan a criarse desde la infancia.
Que los niños al igual que las niñas pueden tener y construir las mismas oportunidades, que las paternidades responsables se construyen desde la infancia, que hablar de un niño libre de machismo es tan importante como elegir una buena escuela.
El repartir de igual forma las tareas en casa, que las niñas y los niños pueden hacer las mimas tareas, el compartir responsabilidades, el reflexionar desde nuestra propia educación como padres y madres para poder cambiar aquellos parámetros en los que fuimos educadas/os. Que nos preguntemos como hubiera sido mejor, que pensemos en aquellos padres o madres que fueron educados desde un sistema que no les permitía abrazar a sus hijas e hijos, desde acompañarlos desde el amor y el buen trato.
Yo estoy convencida que educar desde el amor, el respeto, la libertad, la igualdad, la toma decisiones y el respeto a sus derechos, son un parteaguas importante para fortalecer el desarrollo de las infancias.
Ante todo esto debemos reflexionar desde nuestros propios espacios: ¿Qué es lo que estamos haciendo para lograrlo? Siempre recordar y retomo esta frase que me gusta mucho: “Es más fácil construir infancias fuertes que reparar adultos/as rotas”
Paula Martínez Mora

