El Chahuistle Paty Corro

La larga mesa está ocupada por funcionarios, frente a ellos, algunos de los productos que se han incorporado a la marca 5 de Mayo , una de las apuestas que el gobernador Alejandro Armenta ha repetido desde el inicio de su administración: poner al campo poblano en el centro de sus políticas.

Es un encuentro con periodistas.

Armenta se muestra cómodo, amable, abierto, dispuesto a conversar.

Habla de la importancia de la comunicación para llegar a las y los poblanos y, conforme avanza la charla, parece disfrutar particularmente un momento: contar lo que ya hizo, pero también lo que está por venir.

Hay entusiasmo en su relato.

Recientemente, el gobierno de Puebla cambió su eslogan.

De “Pensar en Grande” pasó a “Transformar en Grande”.

Más que un simple ajuste de comunicación, el cambio busca marcar, desde la narrativa oficial, una nueva etapa en la administración de Armenta.

El gobernador lo explica desde una convicción que repite durante el encuentro: está concentrado en dar resultados y, asegura, se ha preparado para llegar al cargo que hoy ocupa.

No habla únicamente de un sexenio.

Uno de los conceptos que coloca sobre la mesa es el de políticas de Estado: programas y acciones que, desde su perspectiva, deben trascender a la administración que las pone en marcha y permanecer más allá de 2030.

Es una apuesta ambiciosa, sobre todo en una entidad donde cada cambio de gobierno suele traer consigo nuevas prioridades, nuevos nombres y, en ocasiones, el abandono de proyectos que apenas comenzaban a consolidarse.

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Armenta parece querer jugar en otro tablero.

Tras haber crecido en Acatzingo, un municipio donde el campo forma parte de la vida cotidiana. El gobernador vuelve constantemente a un tema que parece tener un significado personal: el respaldo a los productores poblanos.

Habla de que el propio gobierno adquiere directamente productos de los campesinos para sus programas y de fortalecer la marca 5 de Mayo, con la que se busca dar identidad y mercado a lo que se produce en Puebla.

Los productos sobre la mesa funcionan, en ese sentido, como algo más que una muestra.

Son también parte de un discurso.

Pero la conversación cambia de escala cuando habla de los grandes proyectos de su administración.

Ahí aparece el gobernador que parece sentirse particularmente cómodo.

El que enumera obras, proyectos y nuevas instituciones como piezas de una visión que comenzó a delinear antes de llegar a Casa Aguayo.

Menciona la Universidad del Deporte, el Cablebús, la Célula de Bienestar Animal, el Periférico 5 de Mayo, la Universidad de la Creación del Arte y la Cultura (UNICREA), el CESPOSAMI, por citar algunos.

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Los enumera con entusiasmo, como quien ya puede ver construida una parte de aquello que imaginó antes de ocupar el cargo.

“Sin descubrir el hilo negro”, plantea, busca transformar Puebla.

Y quizá ahí está una de las claves de su discurso.

Armenta no pretende presentarse como el político que inventará una nueva forma de gobernar. Su apuesta parece estar, más bien, en tomar decisiones, ejecutar proyectos y dejar estructuras que —según su visión— puedan permanecer.

La conversación ocurre, además, en un momento particularmente interesante para la política poblana.

Con los movimientos políticos de cara a 2027 y las versiones sobre una eventual salida de integrantes de su gabinete para competir por nuevos cargos, el tablero comienza a moverse.

Es inevitable, entonces, preguntarse cuánto de lo que ocurre hoy en el gobierno tendrá una lectura política en los próximos meses.

Armenta; sin embargo, insiste en otra cosa.

Está concentrado.

Concentrado en gobernar y en cumplir.

Incluso cuando la conversación se acerca a la política, responde con una frase que deja ver parte de su personalidad. Sonríe y recuerda que le gustan los deportes de contacto.

La imagen resulta casi inevitable: un político acostumbrado a las batallas, que conoce las reglas del juego y que no parece dispuesto a abandonar el terreno.

Pero por ahora, asegura, su atención está puesta en Puebla.

En la mesa quedan los productos del campo, los proyectos que ya comenzaron a tomar forma y los que todavía están por venir.

Y mientras el gobierno cambia “Pensar en Grande” por “Transformar en Grande”.

Alejandro Armenta intenta dejar claro cuál quiere que sea la diferencia entre ambos conceptos dentro de su visión de gobierno: pensar fue el punto de partida.

Ahora, toca demostrar que se puede transformar.