El Chahuistle Paty Corro

Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa como quien vuelve a una casa que considera propia; ello sin previo aviso para la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

Lo hizo después de 112 días de licencia, en medio de señalamientos de autoridades estadounidenses y con investigaciones de la Fiscalía General de la República todavía abiertas.

Pero su retorno duró apenas 34 horas.

Lo verdaderamente significativo no fue sólo el breve regreso, sino la reacción política que provocó.

Morena se deslindó de inmediato: el partido no fue informado previamente y dejó claro que se trataba de una decisión personal.

Ricardo Monreal llegó a pedirle públicamente que reconsiderara y volviera a solicitar licencia.

Después vino el mensaje más contundente: 23 gobernadoras y gobernadores de la Cuarta Transformación cerraron filas con Claudia Sheinbaum y llamaron a Rocha a conducirse con “madurez y responsabilidad”.

El mensaje político era difícil de ignorar: nadie está por encima del movimiento, ni siquiera un gobernador con mandato constitucional.

Y entonces apareció el manotazo presidencial.

Sin mencionar a Rubén Rocha Moya por su nombre, Sheinbaum escribió: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”.

Fue un deslinde cuidadosamente calculado, pero suficientemente claro para quien quisiera entenderlo.

Rocha había intentado convertir su regreso en una demostración de fortaleza.

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Terminó exhibiendo lo contrario: su capacidad de desafiar al partido y a la presidenta resultó mucho menor que la capacidad de estos para aislarlo políticamente.

El desenlace fue todavía más elocuente.

Rocha volvió a pedir licencia.

Sheinbaum calificó la decisión como lo mejor para Sinaloa.

La lección política es brutalmente sencilla: en Morena, la lealtad no sólo se exige hacia el proyecto. También se mide en la capacidad de entender cuándo una decisión personal puede convertirse en un problema colectivo.

Rocha no lo entendió. Sheinbaum se encargó de recordárselo.