Después de ver las imágenes y videos del evento queda claro que el mitin para muchos asistentes y agoreros de la autodenominada transformación no fue para celebrar la expropiación cardenista, fue un evento para defender al presidente de la república.
Entre lo más destacado de la movilización, aparte del acarreo, fue la lamentable quema de la efigie que representaba a Norma Piña, presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, duramente criticada y objetada por Andrés Manuel sin razón alguna muestra un ambiente difícil en el porvenir de la política nacional.
Es cierto que la polarización ha entrado en una fase determinante para nuestro país, este evento es una muestra más de la disputa ideológica que se viene para la elección del 2024. Pero después de escuchar los discursos de los oradores, rimbombantes y entonados dispuestos a ir a la guerra total, es claro que desde el poder se está gestando una batalla bajo el principio de estas conmigo o estas en contra mía.
Es sabido que la apuesta presidencial ha sido el dividir el espectro ideológico de la nación entre nosotros y ustedes, con el fin de legitimar ciertas decisiones, cuestionables y contradictorias hasta cierto punto, que ha tomado a lo largo de su sexenio con el fin de apartar los reflectores de estas mismas y sortear los malos tragos de las encuestas.
A esto se suma una oposición que ha caído en el juego presidencial, y no han sabido salir de él, sus pocas victorias no han sabido permearlas ni capitalizarlas con el fin de mejorar su posicionamiento en las encuestas.
Sin embargo, estamos en tiempos peligrosos e inciertos, es cierto que la polarización de ambos bandos se esta tornando cada vez más violenta. Sin embargo, es importante recordar que una sola agresión, un solo insulto puede desencadenar una serie de eventos fatídicos del cual difícilmente podremos salir.
Estar en una democracia es privilegiar y resolver los conflictos por medio del dialogo. Sin embargo, y lamentablemente la principal causa de la polarización en nuestro país se encuentra en Palacio Nacional. Donde se niega el dialogo y solo se da una versión “correcta” de la historia.
Los constantes ataques verbales y mediáticos en contra de las instituciones que protegen nuestra democracia y la justicia en nuestro país empiezan a permear en la población que defiende la figura presidencial y se está tornando peligroso. La quema simbólica de la efigie es muestra de ello.
Ante esto, solamente es válido preguntar ¿Hasta dónde llegara la polarización de nuestro país?

