Luis Leal- Diarios de Cuarentena

Desde el primer día de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, este ha denunciado que nuestro sistema de salud se encontraba corrompido e inservible. El presidente denunció la falta de médicos y de medicamentos en todos los niveles de atención médica de nuestro país. La realidad es que desde que él llegó a la presidencia no ha cambiado mucho.

Desde esa primera conferencia mañanera donde prometió que el sistema de salud iba a ser igual al de los países nórdicos o al de nuestro vecino del norte en tan solo seis meses… y luego un año, dos años… Todo indica que cederá y reconocerá que en este sexenio no será posible alcanzar esa meta.

Nuestro sistema de salud difiere totalmente de los sistemas nórdicos de salud. En primera instancia, y algo que apenas se ha podido atender, es la federalización del sistema de salud. Existen en nuestro país una buena cantidad de sistemas de salud entre federales, estales y municipales, cada uno respondiendo a diferentes intereses tanto políticos como de política pública.

El federalizar los sistemas de salud es una buena apuesta de este gobierno, si logra llevarla a cabo, pero el fracaso del llamado Instituto de Salud para el Bienestar no ha centrado un buen precedente. Sin embargo, se debe atender el tema de que seguirán existiendo una gran cantidad de conflictos entre las distintas instituciones si no existe un mando claro y coordinación desde un nivel central.

Para ponernos en contexto: El modelo danés consta de 3 niveles de atención médica y hospitalaria. El nivel más alto, el nivel federal que supervisa el correcto funcionamiento de las unidades regionales y municipales.

El segundo nivel que consta de la organización administrativa en 5 regiones del país nórdico, equivalentes a nuestras 32 entidades federativas, que se encargan del correcto funcionamiento de los hospitales, de la atención de emergencias, servicios médicos públicos y de la supervisión de los médicos privados.

Es este el nivel que provee en su mayoría los servicios de salud a los residentes del país nórdico.

Mientras tanto, el último nivel, administrado por las unidades municipales, da prioridad a temas de bienestar de la población, como servicio de enfermería o cuidado de las personas mayores e infantes.

El modelo propuesto por parte de esta administración difiere totalmente del modelo danés, de eso no hay duda. El llamado IMSS-Bienestar es solamente una reedición del programa IMSS-Prospera de Peña Nieto o IMSS-Oportunidades de Calderón. Por un momento, hasta resulta contraproducente llamarle “federalización” de los servicios de salud por parte del presidente.

Dar atención médica a 130 millones de mexicanos de manera gratuita es una apuesta difícil de este gobierno; el fracaso del INSABI, las reglas poco claras del sistema de IMSS-Bienestar y el continuo desabasto de medicamentos provocados por esta administración auguran que iremos del aspiracionismo a tener un sistema nórdico a salvarlo de caer en Guatepeor.

Es por ello que resulta más importante hacernos la pregunta si vale la pena tener tantas instituciones de salud pública, es claro que tenemos la infraestructura para tratar a la población; IMSS, ISSSTE, los organismos locales, lo que falta es coordinación a nivel local para atender a los mexicanos y empezar a afiliar a los millones de personas que siguen sin seguridad social.

Tal vez la respuesta es la creación de 32 instituciones de seguridad social, una por estado, que sean operadas directamente por las autoridades estatales, que a nivel federal se queden con la supervisión del correcto funcionamiento de estos sistemas.

Tan lejos estamos de Dinamarca que se desaprovechó la creación de una base nacional de datos de derechohabientes con el tema de la vacunación… Tan cerca estamos de Estados Unidos que el 43.2% sigue prefiriendo tratarse en lo privado que en lo público.