Columna Movimiento Antorchista - Antorcha DiceFoto: Especial.

En un país golpeado por la violencia, el desamparo de las autoridades y una descomposición social que a diario le corta las alas a millones de jóvenes, vale la pena detenerse a mirar hacia donde el Movimiento Antorchista demuestra que hay una vía completamente distinta. Mientras las élites observan con frialdad cómo la pobreza arroja a nuestros niños a las garras de las adicciones y la delincuencia, en Tecomatlán las cosas se hacen de otra manera: con arte, educación pública de nivel y la fuerza de un pueblo bien organizado y educado.

Lo que vimos en la clausura de los Cursos de Verano 2026 en la Casa de Cultura de este municipio no fue un simple festejo ni un mero pasatiempo de vacaciones. Ver a los niños de Teco adueñarse del escenario a ritmo de mambo y cha-cha-chá en un homenaje a la Revolución Cubana, oír la fuerza con la que declamaron la poesía de Roque Dalton y apreciar su trabajo en el teatro, es la muestra clara de ese ser humano libre y pleno que la comunidad se ha propuesto formar desde las bases.

Frente a una educación pública nacional que se cae a pedazos entre el olvido oficial y la falta de escuelas dignas, lo que se construye en Tecomatlán se levanta como una trinchera de resistencia. Proteger a la infancia no puede ser un discurso de ocasión; tiene que ser un compromiso diario, atento y sin excusas.

Que nuestros niños llenen estos espacios culturales no es un golpe de suerte: es un triunfo directo contra el abandono social. Padres de familia y líderes comunitarios tenemos el deber moral de no dejar que la niñez se nos pierda en la marginación. No podemos permitirnos ver a los pequeños vagando por las calles con amargura o desesperanza en el rostro; en sus ojos debe verse la alegría de los valores que se les inculcan todos los días. La meta de un pueblo organizado tiene que ser clara y tajante: ni un solo niño fuera de la escuela.

La deserción escolar y el olvido no ocurren por casualidad ni son culpa exclusiva de los padres. Son la consecuencia de un sistema económico injusto que aplasta a la clase trabajadora y le niega lo elemental a sus hijos. Mientras en casi todo el país el Estado abandona a los jóvenes dejándolos a merced del alcohol, las drogas y el crimen, en Tecomatlán ese problema se combate de frente, con trabajo colectivo, prevención e identidad de clase.

Todo este esfuerzo responde a una convicción política muy clara: hay que llevar a los niños de la mano porque en ellos reside la promesa de un futuro mejor. Si a los hijos del pueblo trabajador se les cuida, se les educa y se les abren las puertas, de ahí mismo saldrán los científicos, los artistas, los poetas y los hombres de bien que transformarán a México. Ese eje que une y le da rumbo a todas estas tareas es, precisamente, el Movimiento Antorchista.

De eso se trata la labor cultural de nuestra organización: de romper el monopolio que las élites siempre han tenido sobre la ciencia, la poesía y las bellas artes, para ponerlas al alcance de los hijos de los campesinos y de los obreros. Tecomatlán demuestra una vez más por qué se le conoce como la Atenas de la Mixteca, confirmando que cuando el pueblo toma las riendas de su propio destino, la descomposición se frena y florece la esperanza de una Patria más justa, culta y soberana.

Por: Enrique Pluma