Si analizamos dos indicadores fundamentales de bienestar y calidad de vida —la protección de la vida y el poder adquisitivo— encontramos una grave falla estructural del Estado mexicano. Ni en la emergencia sanitaria más grave del siglo (la pandemia del COVID), ni en la política salarial de las últimas dos décadas, el gobierno ha puesto como prioridad al trabajador. De tal forma que el trabajador cada día está más pobre y el gobierno y los empresarios más ricos y más alegres del éxito económico.
I. Vemos la ausencia de una política de salud real para el pueblo. Durante la pandemia del COVID-19, México ocupó el quinto lugar a nivel mundial en número de muertes, con 333,000 defunciones oficiales. Esta cifra, por sí sola, exhibe la ausencia de una política clara, preventiva y eficaz de salud pública para proteger a la población mexicana. No fue una fatalidad inevitable. Fue el resultado de un sistema de salud desmantelado, con hospitales sin equipamiento, sin personal suficiente y sin una estrategia de atención primaria. La población más pobre, con comorbilidades derivadas de la mala alimentación y sin acceso a servicios de calidad, pagó con su vida el abandono del Estado, 333,000 defunciones.
II. El deterioro del salario: obedece a una política de empobrecimiento. A pesar de los incrementos nominales al salario mínimo en los últimos años, en los hechos el salario en México se mantiene por debajo del promedio mundial y continúa perdiendo poder adquisitivo. Cada día, la canasta básica se aleja más del alcance del trabajador.
Dos ejemplos demuestran el retroceso histórico:
a) El caso de China. En el año 2000, el salario mínimo en la República Popular China era un referente de bajos salariosa nivel mundial (esto lo informa la misma Comisión Nacional de Salarios Mínimos CONASAMI). En ese entonces, era 44% menor que el salario mínimo mexicano, es decir, prácticamente la mitad. Sin embargo, para el año 2020, el salario mínimo chino pasó a ser 17 veces superior al salario mexicano. Mientras China utilizó el salario como palanca de desarrollo interno, México lo usó como ancla para abaratar su mano de obra.
b) El ranking mundial de salarios. En el año 2000, de 114 naciones que reportaban su salario mínimo, México ocupaba el lugar 48. Para el año 2010; luego, con 135 naciones en el ranking, México cayó hasta el lugar 81. Y para el año 2021, aun con los incrementos realizados por el gobierno de Morena, México sólo se recuperó al lugar 76 de 135 naciones. Esto significó que, si bien hubo ajustes a nivel mundial, México no avanzó en términos reales. El trabajador mexicano no puede adquirir más productos de la canasta básica; al contrario, vive una grave crisis porque los precios de los alimentos y productos esenciales se han salido por completo de su poder adquisitivo.
El Estado mexicano y su Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CONASAMI) no han tenido como objetivo ayudar al trabajador a vivir mejor. Su política ha sido mantener el salario bajo de manera deliberada para favorecer la competitividad de los grandes empresarios. Se trata de una estrategia consciente: aumentar la riqueza de una minoría a costa de la pobreza y el empobrecimiento de la mayoría trabajadora.
Un gobierno que no protege la vida en una pandemia y que no protege el salario frente a la carestía, no gobierna para el pueblo. Por ello, la necesidad de la organización ciudadana es imperante: sólo un pueblo organizado puede exigir un modelo económico donde el salario alcance para vivir con dignidad. Ese modelo de organización ciudadana se llama Movimiento Antorchista Nacional.
Por: Roberto Tinoco

