Aunque para muchas mujeres el 10 de mayo es una fecha de celebración, para las Madres Buscadoras es un día de lucha, dolor y nostalgia.
Son las 9 de la mañana del domingo, es el Día de las Madres en muchos hogares, pero en el Paseo Bravo resuenan historias de tragedia y desesperación.
Integrantes del colectivo Voz de los Desaparecidos se preparan para exigir justicia por quienes dejaron una silla vacía en casa.

Sobre la explanada no hay risas, hay llanto y recuerdos de alguien que nunca regresó.
En el suelo fichas de búsqueda, carteles con información de un hijo, una madre, una hermana o un padre.
Un sacerdote da inicio a una misa conmemorativa, en la que se reitera la frase: “hasta encontrarlos” “te seguimos buscando”.

Al terminar, todos y todas se preparan para tomar las calles y hacerlas retumbar con el recuerdo de quienes aún son esperados en casa.
Jorge salió a buscar empleo… no ha regresado
Jorge Erick es uno de los tantos que en búsqueda de una mejor calidad de vida se encontró con la triste realidad de un país en el que hay más desaparecidos que ofertas de trabajo.
Norma, su madre que todos los días lo busca, me cuenta entre lágrimas el último encuentro que tuvo con su amado hijo.
El 10 de diciembre se 2025 salió de su hogar con el objetivo de encontrar el medio para llevar el sustento a casa, pero nunca más volvió a ella.

Son cinco meses ya sin él, dice entre lágrimas, la carpeta no avanza y no hay pistas, recrimina a las autoridades.
Con el corazón partido y la voz entrecortada, sufre en un día que debería ser de gozo. Nada se festeja sin nuestros hijos, reprocha.
“Es un día muy triste para una madre por no poder estar con nuestros hijos, pasamos angustia e incertidumbre de no saber si está bien, esto no se le desea a nadie”.
El sol incesante no es impedimento para cientos de madres y padres que cargan con el peso de la ausencia.

Por las calles del centro histórico hay miradas que expresan sentimientos: asombro por tan noble causa, empatía de quienes gritan “no están solos”.
Ya es el mediodía y las voces llegan al zócalo de la ciudad, donde chocan realidades distintas: mientras unos disfrutan de un desayuno en los portales, otros gritan sin cesar.
La marcha concluye, pero las historias no, la exigencia sigue y el recuerdo de quien un día disfrutó un 10 de mayo prevalece, hasta encontrarlos.

