Hay mucho por decir respecto al #8M, mucho por nombrar y recordar, mucho por gritar, luchar, cambiar, y muchas maneras de hacerlo, todas validas, todas poderosas, y muchos temas que hacer que no se olviden, que no se ignoren como el Estado lo hace.
Pero esta vez quiero hablar de las mujeres históricas, las que estuvieron desde que el ser humano fue sobreviviendo y evolucionando, luego en la colonización, después en la independencia, en la batalla del 5 de mayo, en la revolución, en el proceso para lograr el voto femenino mexicano, las que han impulsado reformas a leyes actualmente, y un largo etcétera, esto solamente por nombrar algunos hitos históricos de nuestro país; pues como lo dije al inicio, podemos hablar mucho sobre el origen del Día Internacional de la Mujer y su evolución para hoy nombrarse así, sobre las mujeres trabajadoras de hace algunos siglos y décadas que hicieron que todo el camino hoy pueda existir aunque aún no sea parejo para hombres y mujeres, sobre las luchas que se han pelado y se siguen haciendo aún sin tener el resultado que queremos y merecemos, podríamos incluso resaltar con claridad el por qué se conmemora y no se celebra, el por qué seguimos luchando y el por qué tenemos tanto dolor y coraje.
Pero esta vez quiero hablar de otras mujeres históricas, de las mujeres que están haciendo historia al mismo tiempo que estoy escribiendo esto, al mismo tiempo que existimos, mujeres de las que aprendí al escucharles hablar sobre su experiencia en temas de genero desde cada uno de sus ámbitos, mujeres que instruyen, preparan y enseñan; también de las mujeres con las que marche, quienes crearon el espacio donde más segura me he sentido en el mundo, mujeres que organizan, contienen, lucha, gritan, y si es necesario se hacen escuchar a como dé lugar; las mujeres con quienes comparto este espacio de expresión, quienes buscan agregar valor y transformación al mundo de cada persona que nos lee; de las mujeres que observé trabajando y viendo pasar la marcha con respeto, con atención, con escucha activa; mujeres que buscan informarse por conferencias por ejemplo y que me prestaron toda la atención sobre lo que podía aportar de información sobre historia y feminismo en espacios que siempre lo han dejado fuera o que piden que se concientice pero no “tan profundo.”
Hablo de todas esas mujeres que día con día están siendo agentes de cambio, de las mujeres con quienes he compartido esta semana en el marco de conmemoración del #Día Internacional de la Mujer Trabajadora y que tengo la fortuna que muchas de ellas forman parte de las mujeres de mi vida, las mujeres que vamos creando sororidad y contención, aun cuando no seamos compañeras en la cotidianidad, lo somos en la historia, en los sueños, en los dolores, en los miedos y en la lucha y es precisamente por eso que reitero el lugar más seguro donde he estado en el último año es ahí parada en medio de miles de mujeres de diferentes edades, estaturas, complexiones, colores de piel, cabello, ojos, con muchas manera distintas de vestir, de hablar, de ver, de existir, pero que me han hecho sentir arropada, acompañada, segura, validada, porque perdimos el miedo de salir solas a la calle, saliendo todas juntas.
Porque vibramos en comprensión, compasión, respeto, atención, escucha con y para las otras y lo más importante es que al hacerlo así me han ayudado a hacerlo yo conmigo, a poder poco a poco ir aceptándome, respetándome y amándome, porque sin duda me amo más desde que el feminismo está en mi vida, desde que las morras feministas hacen ruido, están y son, desde que escucho los espacios que abren y aprendo y comparto lo que yo sé, porque el camino de sororidad y lucha se vive juntas, porque el feminismo abre los espacios para nosotras, porque la sororidad nos hace aliadas y más fuertes, porque entre todas nos sostenemos, nos acuerpamos y nos impulsamos.
Es que un ejemplo claro es al salir a marchar y leer los carteles y consignas, todas nos identificamos con más de uno diferente al que llevamos, porque las historias se entrelazan, porque tenemos madre, hermanas, sobrinas, abuelas, primas, tías, amigas, que tienen su propia historia, pero que nos conecta con la lucha, el dolor, y la necesidad de transformar y la esperanza de una plena libertad, igualdad y equidad.
Porque todas esas mujeres son por quienes yo lucho, por mis ancestras que callaron, por mis descendientas que no duden nunca en levantar la voz y nunca tengan que callar, y por mis compañeras que hacen que mi voz sea más fuerte, sin olvidar a las que nos han arrebatado porque ellas son la chispa de este fuego y nunca las van a apagar, nunca nos van a apagar. Porque todas ellas para mí son mujeres que son inspiración de lucha, de crecimiento, de sororidad, de amor, de esperanza y de vida.
Porque ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, ¡abajo el patriarcado, se va a caer y arriba el feminismo que va a vencer!
Psicóloga Evelyn Carcaño Jiménez.

