La lucha y disputa por el poder político en México no es nuevo –ni lo será-, el cual ha dejado una estela de asesinatos, cárcel y exilio a quienes instauraron un Maximato, como a quienes lo han intentado, pero han fracasado.
La historia del país se ha escrito en esos pasajes después de la revolución.
Ahí está el Maximato de Plutarco Elías Calles, de 1928 a 1934, -gobernó a la nación de 1924 a 1928- y la proclama que lanzó en su último informe: “ha concluido la época de los Caudillos, para dar lugar a las instituciones”.
Pero, a la vez, Calles se convirtió en “Jefe Máximo” de la Revolución.
Además, creó al Partido de la Revolución Mexicana –PRM–, que al poco tiempo se convirtió en Partido Revolucionario Institucional –PRI–
En los hechos se da una de las etapas más violentas que inicia en 1928 con el asesinato de Álvaro Obregón, en la hacienda de La Bombilla, cuando era Presidente Electo –había ganado la reelección-, por parte de León Toral.
Crimen que dio paso a tener tres mandatarios impuestos por Elías Calles: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez.
Maximato que termina cuando el Presidente Lázaro Cárdenas del Río expulsa de México a Elías Calles en 1936, al mandarlo a Europa.
Transcurrieron 46 años para que se diera otro movimiento telúrico en Los Pinos, cuando José López Portillo determinó exiliar a Luis Echeverría Álvarez –a quien le debía la presidencia- al mandarlo de Embajador a Nueva Zelanda, a donde por cierto llevó a Germán Sierra Sánchez de secretario particular.
Echeverría había convertido su casa de San Jerónimo en la oficina alterna de Los Pinos, acuñándose la frase del “beso del diablo”, en referencia a quienes acudían a la residencia de don Luis.
Asesinato de Colosio, arribo de Zedillo y cárcel a Raúl Salinas
La tercera lucha encarnizada por el poder en México se dio con el crimen de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la Presidencia, el 28 de marzo de 1994 en Lomas Taurina, Tijuana.
Crimen de Estado, que pese a tener en prisión a Mario Aburto, autor material, hasta hoy se desconoce al autor intelectual.
Unos señalan a Carlos Salinas de Gortari. Otros a Manuel Camacho Solís. Los demás citan a José Córdova Montoya.
Lo cierto es que la muerte de Colosio llevó al entonces mandatario Carlos Salinas designar un candidato emergente, recayendo en Ernesto Zedillo Ponce de León.
Salinas tenía plena seguridad que Zedillo se sujetaría a las indicaciones que le daría y acataría.
Ya con la envestidura presidencial, Zedillo ordenó la detención de Raúl Salinas de Gortari, hermano de quien lo había instalado en Los Pinos.
Además, obligó a que Carlos Salinas se fuera al exilio, prohibiéndole la entrada al país.
Para no sufrir persecución alguna, Zedillo entregó en el 2000 la Banda Presidencial al panista Vicente Fox Quezada.
Con lo que concluyeron más de 70 años de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional.
Enfrentamiento del poder político contra el poder institucional
Así, se arriba al siglo XXI con la llegada al poder de Morena con Andrés Manuel López Obrador, quien hasta la tercera campaña obtiene la Presidencia de México, para gobernar a la nación de 2018 a 2024.
Además, empodera a través de su Movimiento de Regeneración Nacional –Morena—a Claudia Sheinbaum Pardo, a quien primero lleva de la mano al Gobierno de la Ciudad de México, para después lanzarla –en 2021- a la precandidatura de Palacio Nacional.
Con el destape de sus corcholatas, López Obrador logra posicionar a Sheinbaum en la carrera del 2024, hasta convertirla en candidata y después instalarla en Palacio Nacional.
Analistas y politólogos han coincidido que Claudia está atada a las determinaciones de López Obrador, donde su gabinete tiene el sello obradorista, con la salvedad de Omar García Harfuch, de los contados fieles al claudismo.
Más al parecer, la historia del caudillaje de López Obrador que instauró en Palacio Nacional… cambió el pasado jueves 22 de agosto, cuando Rubén Rocha Moya decidió regresar al Gobierno de Sinaloa sin consultarlo, ni cabildeado, con Sheinbaum Pardo, mucho menos con la dirigencia nacional de Morena.
Se dice que Rocha Moya recibió la aprobación de López Obrador para retornar a la gubernatura.
Por lo que bastó el “vo.bo” de la finca “La Chingada” de Palenque, Chiapas, para instalarse de nueva cuenta en la titularidad del Poder Ejecutivo.
Lo que no esperó AMLO, ni Rocha Moya, fue la dura reacción de Claudia Sheinbaum, quien el viernes por la tarde subió en su cuenta de X durísimo texto:
“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y la nación.
“Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder.
“Porque el poder sin principios se vuelve arrogancia; el poder sin límites, abuso; y el poder que olvida al pueblo, termina enfrentándose a la historia”.
Lo anterior lleva a que –finalmente—la Presidenta Sheinbaum Pardo se cortó el “cordón umbilical” de López Obrador.
Donde la mandataria siguió el consejo que en el enfrentamiento del poder político contra el poder de las instituciones, éstas siempre saldrán victoriosas.
No hay más.
Sheinbaum representa el poder de las instituciones y AMLO encarna al poder político.
Los 23 gobernadores de Morena, Ricardo Monreal Ávila, líder de la Cámara de Diputados, la dirigencia nacional morenista y los altos mandos militares y navales, cerraron filas en torno de la Presidenta de México.
Andrés Manuel se quedó solo.
¿Llegó a su fin caudillismo de López Obrador?
Al tiempo.

