El asesinato de Esmeralda Gallardo destapó una serie de omisiones e incapacidad por parte de las autoridades, además de la revictimización.
La madre buscadora, quien desde enero de 2021 por propios medios investigaba sobre el paradero de su hija Betzabé, había señalado ser objeto de amenazas, así como a un posible autor de la desaparición de su hija, pista a la que llegó sola, con el respaldo del colectivo Voz de los Desaparecidos.
Junto con Betzabé desapareció Fabiola Narváez, su amiga, en Villa Frontera.
La madre de Fabiola, en entrevista en febrero con este medio, relató que las autoridades no echaron mano de los videos de las cámaras de seguridad de la zona para conocer el destino que tomaron, si fueron interceptadas o saber qué sucedió con ambas, quienes viajaban en una moto con destino al banco.
Esmeralda no buscaba solamente a su hija. Compartía y anhelaba volver a ver a ambas. Un post de Facebook refiere: “Betzabé Alvarado Gallardo y Fabiola Narváez Rojas las sigo buscando. Dios las bendiga y las cubra con su manto”.
Tras al asesinato de Esmeralda, quien recibió 17 impactos de bala, confió su abogado, se emitieron al fin medidas de protección para las familias de las dos jóvenes desaparecidas que, cabe decir, ambas son madres y sus pequeños las esperan en casa también.
La ONU-DH ha considerado el asesinato de Esmeralda Gallardo como un “nuevo doloroso recordatotio del alto riego y desprotección en que muchas familiares de personas desaparecidas se ven obligadas a realizar labores de búsqueda y exigencia de justicia”.
El asesinato de Esmeralda sucede apenas un mes después del de Rosario Lilián, en Sinaloa, otra madre buscadora que fue levantada y después asesinada al regresar de la misa dedicada a su hijo, en pleno marco del Día internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
La revictimización no faltó tras la muerte de Esmeralda. Su cuerpo fue entregado 24 horas después de su asesinato, los familiares acusaron que se les pidió dinero para los gastos funerarios y el traslado, pues Esmeralda recibirá sepultura en Veracruz, su tierra natal.
Aunque la Secretaría de Gobernación se pronunció sobre esos señalamientos como falsos, la ciudadanía cree en esa otra “raya al tigre”.
El Estado dejó sola a Esmeralda en su búsqueda, el Estado permite que la delincuencia aplique su ley y descargue sus armas sobre cualquiera, en un lugar público, el Estado ha dejado solos a los cerca de dos mil 400 familias con personas desaparecidas en Puebla.

