Luis Leal- Diarios de Cuarentena

La semana pasada millones de mexicanos vivieron momentos de terror después de que en diversas ciudades de nuestra república ocurrieron una serie de ataques armados por parte de grupos del crimen organizado en contra de la población civil que terminaron, lamentablemente, por cobrar vidas humanas y generar cuantiosos daños económicos en los sitios donde ocurrieron estos ataques. Los mexicanos viven con miedo, los ataques solamente muestran la falta de compromiso y capacidad del estado por frenar las agresiones en contra de los civiles, a cualquiera nos puede tocar.

Muchas voces en diversos medios han empezado a empujar el debate en torno a la naturaleza de las agresiones sucedidas sobre clasificarlas como actos terroristas o no. 

Hablar de terrorismo no es fácil, en la academia es conocido como un concepto fluido donde existe una disputa por su definición y por las características que tiene. Un estudio contabilizó más de 240 definiciones diferentes entre la academia y las instituciones de poder [1]. La disputa por la definición del concepto ha sido larga y extensa, generalmente porque es concebido dentro de la academia como un acto de violencia política mientras dentro del ámbito político ha sido concebido como un acto criminal [2]. Existe un mundo de distancia entre ambas posturas. 

En nuestro país se reconoce como ataque terrorista en el Código Penal Federal como: “A quien utilizando […] un medio violento, intencionalmente realice actos en contra de bienes o servicios, ya sea público o privados, o bien, en contra de la integridad física, emocional, o la vida de personas, que produzcan alarma, temor o terror en la población o en un grupo o sector de ella, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad o a un particular, u obligar a este para que tome una determinación”. 

Aplicar el concepto de terrorismo y de acto terrorista al tema de crimen organizado es difícil por la naturaleza y las intenciones de la violencia que se originan de estas organizaciones y en contra de quien está dirigid esta violencia. En nuestro país la violencia dirigida en mayor parte por estas organizaciones criminales es por disputas territoriales y por el control de los mercados ilícitos. Sin embargo, la evolución de la violencia y la forma en la que se ha recrudecido a lo largo de estos años que en conjunto con la debilitación del estado y de la falta de una estrategia clara por parte de las autoridades civiles han provocado que las organizaciones criminales tengan la osadía por atacar a la población civil con el fin de someter al estado. 

Muchos actos recientes de violencia con el fin de causar miedo y terror en la población civil con el fin de obligar a los gobiernos a negociar o forzar alguna acción podrían considerarse un acto terrorista en términos de esta ley, incluidos las agresiones recientes en Baja California, Guanajuato, Michoacán, y Jalisco. Los distintos ataques a poblados en regiones lejanas a los centros urbanos donde la presencia del estado es débil con el fin de someter a la población también deberían considerarse como actos terroristas.

También se puede incluir el fallido operativo realizado en Culiacán que resulto en la liberación de Ovidio Guzmán. Estos y otros actos documentados de extrema violencia en contra de la población son actos que pueden calificarse como terroristas que buscan causar miedo en la población. 

Los recientes ataques a la población civil han abierto este debate, la falta de acciones en concreto por parte de las autoridades que permitan disuadir este tipo de actos no han resultado. Los altos niveles de corrupción e impunidad han permitido que estas organizaciones actúen sin consecuencia alguna y permiten que se siga reproduciendo el ciclo de violencia en nuestro territorio.

Ahora el gobierno tiene que decidir, admitir que la situación se le está yendo de las manos y usar las herramientas legales para perseguir a los perpetradores de estos delitos con la dureza de la ley. O, seguir actuando como avestruz y dejar la cabeza bajo la tierra y seguir administrando el desastre. 

[1] Schmid, A. P. (Ed.). (2011). The Routledge Handbook of Terrorism Research. New York: Routledge.

[2] Mendoza-Leal, L. P. (2019) On the Concept of Terrorism (Unpublished)