El 2024 se acerca y nuestros políticos lo saben, a pesar de que todavía faltan dos años para las elecciones del 2024, las cuales serán al parecer las mas grandes de nuestra historia. Empieza a sonar el canto de las sirenas en nuestro país, y nuestros políticos empiezan a preocuparse por quien les va a patrocinar la dieta los próximos 3 o 6 años dependiendo del puesto que busquen perseguir. Coloquialmente lo conocemos como el chapulinismo, sobre cómo nuestros políticos en busca de seguir teniendo protagonismo o acceso al presupuesto público dejan sus encargos con el fin de disputar otro puesto de elección pública.
Esto daña a nuestro sistema político y no permite el tan ansiado relevo generacional que necesitamos.
El chapulinismo es tan viejo como nuestra falsa democracia bajo el régimen priista y que se anclo en nuestra transición democrática donde los viejos perfiles del populismo setentero y los nuevos corruptos del régimen neoliberal decidieron seguir con esta desdeñable práctica. El día de ayer, el columnista de El Universal, Salvador García Soto, publicó un texto donde explicaba que la candidatura presidencial de la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, implicaba renunciar a su encargo mandatado por los ciudadanos de la capital de nuestro país en las elecciones del 2018 y buscar la dirigencia política de su partido.
No es nuevo, esto, el año pasado en las elecciones que se llevaron a cabo, la alcaldesa de Álvaro Obregón, Layda Sansores, renunció al mandato meses previos a la elección con el fin de competir y gobernar el Estado de Campeche, un territorio que está a 1,133 kilómetros de distancia de su alcaldía. Y, sin embargo, nuestra ley permite estos desafortunados casos donde se le permite a nuestros políticos electos buscar un nuevo puesto cuando ni siquiera logran completar el 90% del tiempo de su mandato con el fin de seguir ejerciendo el poder.
La realidad es que tenemos que movernos hacia una visión mucho más progresista del ejercicio del poder, el simple hecho de que la política de nuestro país se pare 8 meses antes de que haya elecciones y los consecuentes después de que se desechen o se acepten los juicios electorales, es un inmenso gasto de presupuesto público y de falta de compromiso de nuestra clase política con los ciudadanos que solamente pasa a restarle legitimidad a las administraciones públicas por la falta de acciones y la falta de resultados.
Y, por otro lado, este chapulinismo, es el que ha evitado de manera sustancial el relevo generacional que necesita nuestra política mexicana, que ha preferido saltarse las reglas mil y una veces con el fin de seguir manteniendo el poder. Es explicable, la realidad es que las generaciones que vienen son mucho más progresistas y definitivamente tendrán la capacidad de desafiar el status quo de nuestras aterradas elites.
Nosotros los ciudadanos elegimos a una persona para representarnos en los distintos poderes de la unión tanto federales como estatales por un tiempo determinado, 3 o 6 años, en ese tiempo, el compromiso de nuestros políticos y por tantita decencia sería el de terminar su encargo. Sin embargo, la apuesta de nuestra clase política ha sido siempre la parálisis, tomemos como ejemplo al presidente de la república, debido a su mal manejo de los tiempos políticos, perdió la oportunidad de realizar las reformas estructurales de las que ha hablado por tantos años. Prefirió meter al país en una parálisis político con el fin de “salvar” su legado y les dio rienda suelta a los presidenciables de su partido con el fin de desviar la atención de su gobierno.
Es por ello por lo que hoy en día tenemos que presionar a nuestros políticos con el fin de reformar estas viejas prácticas dañinas que solamente retrasa lo inevitable, además de ser un constante caso de dolor de muelas para los ciudadanos con una parálisis casi total de nuestro país. Obligar a nuestros servidores públicos electos a terminar sus mandatos es vital para nuestra democracia y para nuestro país y puede traer un cambio tan necesario para nuestro sistema electoral fomentando la formación de nuevos cuadros políticos y se podrán desenmascarar realmente quienes andan en la política por el dinero y quienes por el compromiso.

