Luis Leal- Diarios de Cuarentena

El presidente ha decidido que este año debe de tener a su delfín en MORENA para la elección del 2024. Su anunciada derrota en su intento de hacer pasar la reforma energética en la cámara de diputados le enseñó una valiosa lección: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Una simple lección de su error de no haber pasado las más importantes reformas que hubieran marcado su legado presidencial al inicio de su administración cuando era fuerte mediáticamente y existía una luna de miel con su persona, hoy eso se ha acabado. 

Tres años después, a pesar de mantenerse popular, los niveles de desaprobación de sus políticas públicas y decisiones están sobre el suelo. Y el presidente sabe que esto suele cobrar factura en la recta final de los gobiernos democráticamente elegidos. Es por ello por lo que el presidente ha fijado sus objetivos políticos en lo que resta del año en dos circunstancias, la primera es debilitar mediáticamente a la oposición después de su victoria legislativa con miras a las elecciones de este año, y la segunda, la de empezar a planear su sucesión política.

La primera circunstancia es evidente, el hecho de haber recibido este golpe legislativo muestra una presidencia que no es todopoderosa, donde una simple oposición, sin figuras relevantes y sin carisma para llegar a los mexicanos, logró arrebatarle uno de sus principales legados, es por ello la rabieta presidencial y de sus agoreros por el control de la narrativa con el fin de ganar la mayor cantidad de puestos que este año se están disputando. 

La segunda circunstancia es mucho más interesante, desde que perdió la iniciativa dentro del Congreso de la Unión, y ante la negativa de la oposición de aprobar las subsecuentes reformas constitucionales que planeaba el presidente que por ende ponen a nuestro país en un impasse político-legislativo, donde la atención política se enfocará en la sucesión del 2024. Hasta el mismo presidente ha confesado solamente tener dos corcholatas, un secreto bien sabido que la disputa por la candidatura del partido gobernante será disputada entre la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y el secretario de relaciones exteriores, Marcelo Ebrard, una decisión difícil para el presidente sin duda (si, la elección del candidato presidencial será por dedazo, de eso no hay duda).

Contextualmente, ambos tienen las mismas posibilidades, ambos han estado detrás del presidente de la republica desde que ocupó la jefatura de gobierno, teóricamente ambos tienen la experiencia necesaria para gobernar. Sin embargo, el peso del dedo presidencial será el factor decisivo para conocer al siguiente candidato tanto de la oposición como del oficialismo. 

Por un lado, elegir a Sheinbaum le dará al presidente de la república una oportunidad de seguir construyendo su legado más allá de su sexenio, a pesar de su promesa de irse a La Chingada, la realidad es que el presidente está buscando crear una imagen de salvador de la patria que sabe perfectamente que no puede construirse en 6 años. Claudia, siendo su hija política, su confidente y guardián de su legado (como la designó desde aquella vez que el presidente estuvo hospitalizado).

Elegir a Marcelo le dará al presidente la certeza que tendrá una persona conciliadora, y por fin le habrá pagado el favor que este le hizo en las elecciones del 2012. Sin embargo, Marcelo no es Claudia y sin duda pondrá distancia de López Obrador y de los extremistas dentro de MORENA de su proyecto presidencial. También, Marcelo entiende la necesidad de la pluralidad y diferentes visiones para gobernar. Sin embargo, Marcelo tiene y ha tenido enrosques con la mafia del poder que le permitieron salir libre después de sus desastrosas gestiones en el gobierno de la Ciudad de México y el escándalo de la línea 12 del metro de aquella ciudad.  

En este contexto, la decisión presidencial es difícil, saldar su deuda o continuar su legado. En una de esas, y con suficientes golpes a su dignidad política, Marcelo termina compitiendo por la oposición. Qué difícil decisión tiene el presidente encima, sin duda el ring se va a calentar.