Han pasado ya más de dos semanas desde que las fuerzas armadas rusas emprendieron una invasión ilegal en contra de su vecino occidental bajo el argumento de “detener un genocidio”, este ataque en contra una nación soberana e independiente es una afrenta al orden internacional y una amenaza a la seguridad internacional. Afortunadamente, el gobierno ucraniano y sus ciudadanos se han organizado de manera uniforme para contrarrestar este ataque en contra de su soberanía en contra de todos los pronósticos, hoy se han convertido en un símbolo de la libertad y resistencia en contra del autoritarismo.
El ejército ucraniano y su población se están enfrentando a la segunda mayor fuerza militar en el mundo, una fuerza militar con miles de armas nucleares en su inventario y sin duda una fuerza económica y poblacional mucho mayor al país eslavo occidental. A pesar de ello, y como ha sido constatado de manera concreta por diversos análisis, las fuerzas ucranianas han logrado ralentizar el avance de las fuerzas rusas obligando al ejército rojo a replegarse en ciertas zonas.
Desafortunadamente, esto ha llevado a los comandantes rusos a utilizar armamento potente e ilegal bajo la ley internacional en contra de diferentes ciudades y poblados intentando causar el mayor daño a la población posible con el fin de quebrar la moral ucraniana. La realidad es que los ucranianos desde el inicio del conflicto han mostrado una valentía y resiliencia increíble ante una fuerza invasora.
Desde el momento de los primeros ataques, la población ucraniana demostró en redes sociales y físicamente un apoyo total a su gobierno a lo cual se sumó una condena total por parte de casi todo el mundo, exceptuando a esos países donde las autocracias y dictaduras han florecido, Ucrania es relativamente una nación independiente reciente, con tal solo 30 años de existencia formalmente. Y como otras democracias, incluida la mexicana (exceptuando el retroceso en este periodo presidencial) ha estado avanzando hacia una democracia liberal, claro con los mismos problemas que han enfrentado otras naciones como la rampante corrupción y las oligarquías.
Sin embargo, a pesar de estas dificultades, el hecho de que la población civil donde hombres y mujeres se unen a sus fuerzas armadas e incluso los expatriados vuelven a su país para luchar por su independencia y por su nación, algo que muy pocas veces se ha visto en la historia. Las imágenes que se han difundido a lo largo de estas dos semanas nos muestran a infantes, a personas universitarias, a gente mayor colaborando de manera ordenada y en conjunto armando trincheras urbanas, cócteles molotov, e improvisando cocinas y hospitales públicos en medio de sótanos y estaciones de tren, le muestran al mundo un símbolo de resistencia en contra del autoritarismo que vive una batalla crucial por su supervivencia.
Sin duda, esta guerra pasará a la historia y será analizada por muchas generaciones venideras que seguirán descifrando y contándonos las historias que aún no conocemos, por otro lado, la resistencia ucraniana empieza a hacer mella en el país invasor que se ha visto obligado a acabar con los últimos restos de libertad de expresión en su población, que ha visto cientos de veces la necesidad de modificar su narrativa para justificar ante su población ante esta violenta contienda. Es por ello por lo que hoy los ucranianos le han demostrado al mundo que la defensa de la libertad y de la soberanía es una fuerza increíble siempre que exista una unidad y una valentía de enfrentarse a uno de los ejércitos más poderosos del mundo.
Y es por ello por lo que la resistencia ucraniana se ha convertido en un símbolo de la libertad.

