Luis Leal- Diarios de Cuarentena

El día de ayer, en el transcurso de la madrugada europea, el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ordenó a las fuerzas militares que había acumulado en el oeste de su frontera a invadir Ucrania. La primera ola del ataque, minutos después de haber hecho el anuncio público, fue una encrucijada aérea por medio de misiles y bombarderos que destruyeron en mayor medida la infraestructura militar del país de las cúpulas doradas. En lo que él justificó como una operación para salvaguardar a los territorios rusos separatistas del este de Ucrania, en realidad es una afrenta personal por revivir la vieja gloria soviética. 

Han sido meses de extrema tensión en el ámbito internacional que finalmente han desembocado en esta acción bélica por parte de la Federación Rusa, la única realidad es que el dictador ruso ha hecho de esta afrenta una empresa personal para salvaguardar su legado y su mandato ante la creciente infelicidad de los ciudadanos rusos que ven cómo día a día su país se convierte en la peor país pesadilla de Orwell con un estado policial excepcional donde la economía está secuestrada por unos cuantos criminales y oligarcas que han dejado a la deriva al ruso promedio bajo el amparo del poder político. 

Mucho lo ha mencionado el presidente ruso, la caída y desintegración de la Unión Soviética en su visión se convirtió en la peor catástrofe geopolítica del Siglo XX, el considera y ha argumentado en varias ocasiones que Rusia debe de retomar el legado soviético y es por ello por lo que ha emprendido el inicio de lo que aparenta ser un nuevo detente en la región donde este coaccione por medio de la fuerza o de las prebendas a sus países vecinos con el fin de retornar a esa vieja gloria.

Sin embargo, todo aparenta a que el presidente ruso está siguiendo el paso de sus antecesores soviéticos, coaccionando a los países por medio de la fuerza como está sucediendo en este momento en Ucrania o Georgia en el 2008 o de las prebendas como es el caso de los países del Asia Central. En este contexto el presidente ruso al igual que sus antecesores está cayendo en una paranoia excesiva, solamente confiando en unos cuantos, ejerciendo violencia en contra de sus detractores y los que piensan diferente a él. 

Bajo este contexto, el presidente ruso ha emprendido lo que pareciera ser su última batalla, la restauración del viejo imperialismo soviético con el fin de retomar la vieja gloria y sus mieles que tanto añora. 

Sin embargo, el imperialismo ruso se enfrenta a una nueva era donde en vez de ser un mundo bipolar, se está convirtiendo en multipolar, donde los bloques se defienden y donde las fronteras empiezan a disiparse con el avance tecnológico, dado a ello y a pesar de tener una estrategia para desestabilizar a las democracias en auge y a las consolidadas, en el transcurso de estas primeras horas de la invasión rusa a Ucrania, el estado ruso ha mostrado su cara a sus habitantes y al mundo de lo que es capaz de hacer dejando detrás la diplomacia en el ámbito internacional, mintiéndole al mundo y a sus ciudadanos. Mientras en casa ha emprendido una sangrienta y violenta represión en contra de su pueblo que se manifiesta en contra de la guerra. 

Estas últimas horas solamente se ha demostrado que por más esfuerzo que el presidente ruso realice por completar pretensión mesiánica, siempre existirá una llama de libertad que arderá dentro y fuera de Rusia, y es por ello por lo que la aventura del imperialismo ruso no prosperará.