Luis Leal- Diarios de Cuarentena

La política de seguridad pública ha fracasado, esta semana nuestro país ha roto otro récord en esta espiral de violencia criminal que nos ha afectado a todos y todas. En 43 semanas de su mandato, la presidencia de López Obrador ha contabilizado más de 123 mil muertos producto de la violencia criminal. Mucho más que el doble que en el mismo periodo que la presidencia de Felipe Calderón y 49 mil muertos más que la presidencia de Enrique Peña Nieto en el mismo periodo según el conteo de una popular consultora. 

De seguir los niveles de violencia como se ha visto hasta ahora, es muy probable que al final de este sexenio veamos más 200 mil muertes violentas vinculadas al crimen organizado. Sin embargo, como se ha podido apreciar en los últimos días existen dos importantes factores que han permitido que la violencia se haya instalado de esta forma en la vida cotidiana de los mexicanos, el primer factor está relacionado con los conflictos inter-criminales que se han recrudecido en los últimos meses, el surgimiento de nuevos grupos ha desencadenado disputas violentas por el control territorial, recrudeciéndose la violencia de estas agrupaciones en contra la población civil como se ha visto en el caso de Chilpancingo donde las pollerías tuvieron que cerrar debido a las extorsiones del crimen organizado donde desafortunadamente unos cuantos polleros perdieron la vida al negarse a pagar la cuota. 

El segundo factor está enteramente relacionado con el gobierno, la realidad es que la estrategia adoptada por el gobierno de la república en papel suena bien. Sin embargo, la urgencia nacional amerita un esfuerzo extraordinario tanto humano como financiero en materia de seguridad que debe combinarse con voluntad política para reconocer y resolver el problema de la impunidad y de la corrupción que imperan en nuestro país que no se acaba con un decreto. 

Esto es algo que el gobierno de la república en los últimos sexenios no ha querido combatir de manera seria y se han lanzado discursos llenos en palabra y vaciado cuando se trata de ejecutar debido a la falta de voluntad política para deshacerse de esas redes políticos y económicas que se han asociado con los grupos del crimen organizado y les han permitido crecer a sus anchas y a costa de la vida de cientos de mexicanos.  

Es debido a ello que el fracaso de la política de “abrazos, no balazos” pinta para ser un rotundo lastre de Andrés Manuel si en el corto plazo no se logra reducir los niveles de violencia en la sociedad, dado a que desafortunadamente, en este gobierno todo parece indicar que existe una suerte de pacto donde el gobierno federal ha decidido no hacer valer el estado de derecho y permitir que los grupos armados recorran las calles de nuestro país con el beneplácito de las autoridades, como se ha visto en diversos videos a lo largo de este sexenio.

Dado a ello, es importante que se le empiece a cuestionar realmente desde la mañana al presidente sobre sus verdaderas intenciones y acciones en materia de seguridad que hasta este momento han resultado un fracaso total.