La invitación de la Junta para el Cuidado de la Instituciones de Beneficencia Privada del Estado de Puebla para que Cecilia Anaya Berríos asuma la rectoría de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), tras la “repentina” renuncia de Armando Ríos Piter, es una trampa más.
No se trata de “meter a unos” y “sacar a otros”, como en un juego de Damas Chinas, sino de hacer respetar la legalidad y los procesos vigentes para dar certeza, de una vez por todas, a los más de 12 mil estudiantes, personal administrativo y cuerpo académico de la institución.
Hasta el cierre de esta edición, Cecilia Anaya, rectora interina por parte del Patronato de la Fundación Jenkins, encabezado por Margarita Jenkins de Landa, no había emitido formalmente su posicionamiento.
Y probablemente no lo hará, porque como académica científica prefiere los hechos que los dichos.
La “renuncia” de Ríos Piter, y la supuesta cesión del que se conoce como “patronato espurio” son dos elementos más que se suman a la retahila de eventos desafortunados en los que, por más que se intente ocultar, se vislumbra la mano del gobierno de Puebla.
En estos momentos, si Cecilia Anaya Berríos pisa el campus de la UDLAP para asumir el control de la administración -como se ha intentado vender – solo fortalecería a quienes hace siete meses tomaron por la fuerza -y con armas- el campus en San Andrés Cholula.
Para una devolución total de la UDLAP se necesitan dos condiciones primordiales: la primera es cumplir la sentencia emitida por una instancia federal para el reintegro de las instalaciones, y la segunda es entregar el inmueble al Patronato encabezado por Margarita Jenkins de Landa con la vigilancia de un Notario Público, a fin de determinar las condiciones actuales del campus.
Ante ello, los únicos responsables de cualquier desperfecto, robo o manipulación -con dolo o por ignorancia – serán los integrantes del “patronato espurio”, hoy acéfalo por Ríos Piter.
Y tendrá que pagar por ello, pues desde su arribo a la UDLAP solo tuvo desatinos al obedecer las malas decisiones dictadas desde Casa Aguayo.
Lejos de terminar. La historia continúa.

