Este 8 de marzo, las mujeres rompieron el silencio en Puebla. Miles salieron a manifestarse a las calles del estado en contra de la violencia, los feminicidios y las agresiones. Algunas gritaron, otras mostraron pancartas, otras más pintaron paredes o martillaron monumentos. En este año reinaron dos consignas más: “¡vivas nos queremos!” y “aborto legal, ya”.
Más allá del grupo de mujeres que decidió romper cristales, colgarse de las rejas de Catedral y hasta martillar la Fuente de San Miguel, los ángeles custodios o la maqueta del centro histórico de Puebla, se deben explicar la verdadera razón para tanta rabia e impotencia. La respuesta se encuentra en la violencia machista en la entidad, que literalmente las está matando.
De acuerdo con el registros hemerográfico del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG) de la Universidad Iberoamericana de Puebla, en la entidad se reportaron 54 casos de feminicidios en 2022. Las cifras no coinciden con las reportadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) cuyo informe anual únicamente tiene enlistados 37 casos.
Esto podría significar, indicó el Instituto de Derechos Humanos “Ignacio Ellacuría, SJ” de la
Ibero, que las carpetas de investigación se están abriendo más como homicidios que como feminicidios. En Puebla, precisó, los homicidios dolosos ocurrieron 2.3 veces más seguido que los feminicidios en 2021 y 6 veces más que en 2022.
Y como quiera verse, tanto como feminicidio u homicidio, la situación es alarmante, y provoca la rabia a miles de mujeres que no salen en completa libertad a las calles por temor a ser violentadas, desaparecidas o asesinadas.
Ante los llamados de las mujeres para frenar la violencia en su contra, el Estado debe responder de manera eficaz para prevenir, atender, investigar y sancionar toda manifestación de violencia, para que ser mujer debe de representar un peligro de vida.
Y si para ello es necesario quemarlo todo: ¡Que arda!

