Este fin de semana rezumbó en Puebla la muerte de la joven Debanhi Susana Escobar, cuyo cuerpo fue encontrado en una cisterna cercana a un motel en el municipio de General Escobedo en Nuevo León.
Decenas de mujeres salieron a las calles de Puebla para manifestar su rechazo a la ola de feminicidios que azota al país.
Tan solo en Puebla, de acuerdo con el Observatorio de Violencia Social y de Género de la Universidad Iberoamericana se han contabilizado 14 probables feminicidios en la entidad poblana en lo que va de este año.
La violencia machista está en su punto más crítico, en Nuevo León, en Puebla, en Ciudad de México, en Veracruz y en todo México. La Nación entera está conmocionada por el caso de Debanhi, y en su memoria recuerdan a Mara Castilla, la niña Yaz, Ingrid Escamilla, entre cientos más.
Si algo es urgente, es la construcción de políticas públicas desde el gobierno federal -que ha mostrado poco interés en escuchar y atender a las mujeres – para evitar las agresiones y feminicidios.
Incluso, el gobierno de Puebla -estatal y municipal – están obligados a reforzar las medidas de protección a mujeres, con protocolos, acciones de prevención y atención urgente para atender cualquier signo de violencia, desaparición o muerte.
El caso de Debanhi Susana es aterrador por todas las aristas, pero pensar que su incidencia regiomontana no tiene impacto en Puebla es peor. No se debe esperar a que ocurra un homicidio contra una mujer en razón de género para comenzar a actuar con responsabilidad. Es urgente.

