El ciclo escolar 2026-2027 comenzó el 31 de agosto y 2 millones 8 mil 649 estudiantes volvieron a las actividades escolares en los 217 municipios del estado. Para educación básica contempla 185 días de clases en Puebla.
Pero detrás de ese número hay algo que las estadísticas no siempre alcanzan a mostrar: el esfuerzo que hacen las familias para que sus hijos puedan estudiar, porque cada inicio de ciclo implica reorganizar el presupuesto familiar, por ejemplo hay que comprar o recuperar uniformes, revisar qué útiles todavía sirven, conseguir libretas, zapatos, mochila y cubrir los gastos de transporte y alimentación; para una familia con varios hijos en edad escolar, todos estos gastos llegan al mismo tiempo y pueden convertirse en un problema serio. La situación se vuelve más complicada cuando los ingresos dependen de trabajos inestables.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran que la informalidad laboral continúa siendo una realidad para millones de mexicanos, en mayo de 2026, 33.4 millones de personas estaban ocupadas en la informalidad laboral, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Esto ayuda a entender por qué para muchas familias el regreso a clases no se vive únicamente como una fecha del calendario para quienes viven al día, cualquier gasto extraordinario obliga a hacer cuentas qué se compra primero, qué puede esperar y qué gasto de la casa tendrá que reducirse para completar lo necesario.
El problema no termina cuando los niños entran a la escuela durante los meses siguientes continúan los gastos de transporte, alimentación, materiales, actividades escolares y, en algunos casos, cuotas o necesidades que aparecen conforme avanza el ciclo estudiar requiere una inversión constante de tiempo y dinero, aunque muchas veces ese esfuerzo familiar quede fuera de las estadísticas.
El gobierno federal ha puesto en marcha apoyos para reducir parte de esta carga entre ellos se encuentra la Beca Rita Cetina para uniformes y útiles, que contempla 2 mil 500 pesos anuales para 7.2 millones de estudiantes de primaria pública el apoyo puede significar un alivio para las familias que lo reciben, pero no elimina todos los gastos que implica mantener a un estudiante en la escuela.
También está la realidad de las propias escuelas no basta con que los alumnos tengan un lugar donde asistir a clases para aprender necesitan aulas en condiciones adecuadas, mobiliario, materiales, servicios básicos, espacios deportivos y herramientas que les permitan desarrollar sus capacidades.
Esta situación se vuelve todavía más evidente en las comunidades rurales y en las colonias populares, donde las condiciones económicas de las familias y las necesidades de las escuelas suelen ser distintas a las de las zonas con mayores recursos allí, estudiar puede implicar recorrer mayores distancias, gastar más en transporte o enfrentar carencias que terminan afectando la experiencia educativa.
Y, sin embargo, los padres siguen haciendo el esfuerzo. Lo hacen porque saben que la educación puede abrir oportunidades que ellos mismos no tuvieron mandar a un hijo a la escuela significa apostar por un futuro distinto, incluso cuando el presente obliga a estirar cada peso.
Por eso, el regreso a clases debería servir también para discutir qué tipo de educación queremos y bajo qué condiciones la estamos ofreciendo. No basta con contar cuántos estudiantes regresaron a las aulas; hay que preguntarse cuántos podrán permanecer ahí, cuántas familias podrán sostener los gastos durante todo el año y qué condiciones encontrarán los estudiantes cuando lleguen a sus escuelas.
La educación no puede depender de cuánto dinero tenga una familia en el bolsillo si realmente se quiere garantizar como un derecho, debe existir una política que atienda tanto las necesidades de los estudiantes como las condiciones económicas que enfrentan sus familias.
El ciclo escolar ya comenzó. Millones de estudiantes regresaron con sus cuadernos, sus uniformes y sus propias expectativas para muchos de ellos, la escuela representa mucho más que unas horas dentro de un salón representa la posibilidad de tener una vida diferente.
El reto está en que esa posibilidad no se quede solamente en una esperanza, que estudiar no sea un privilegio de quienes pueden pagarlo, sino una oportunidad real para todos.
Por: Ana Paola Flores León

